Tout est prêt pour la mort, ce qui résiste le mieux sur terre, c'est la tristesse, et ce qui restera c'est la Parole souveraine.

Anna AKHMATOVA
MES FEUILLES EPARSES
ou
Mes Graines Germées

Je rends à la Terre ce que j'ai reçu d'Elle.
On récolte ce que l'on s'aime.
creazione del sito: 21 gennaio 2007
aggiornamento della pagina: 5 marzo 2008
webmistress: A. Daniela Zini
copyright: A. Daniela Zini
SONETO XCIII


Si alguna vez tu pecho se detiene,
Si algo deja de andar ardiendo por tus venas,
Si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,
Si tus manos se olvidan de volar y se duermen,

Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos
Porque ese último beso debe durar conmigo,
Debe quedar inmóvil para siempre en tu boca
Para que así también me acompañe en mi muerte.

Me moriré besando tu loca boca fría,
Abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,
Y buscando la luz de tus ojos cerrados.

Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo
Iremos confundidos en una sola muerte
A vivir para siempre la eternidad de un beso.


Pablo NERUDA (1904 – 1973)
SOMMAIRE
QUI AIMERAIT ETRE SOURD ET AVEUGLE
POUR NE PAS VOIR ET ENTENDRE LES ATROCITES DE CE MILLENAIRE ?

MOI, UN PALEO DINOSAURUS ERECTUS DE GENRE FEMININ

IL FAUT DES CONTAGIEUX

SOLITUDE

LA QUESTION JUIVE

LA VIE M'A APPRIS

CENSURE

ON THE STREETS

DU PAYS D'UTOPIE

L'AMOUR ET SA QUETE ETERNELLE ET IMPOSSIBLE

POUR UN AMI ON DONNE VOLONTIERS SA VIE

PARIS ETAIT UNE FEMME
PARIS ETAIT MOI

LES IDEES SEULES COMPTENT, DU MOINS LES IDEES QUI FONT MOUVOIR LES ETRES; C'EST A DIRE LES PASSIONS, LESQUELLES SONT ETERNELLES

LETTRE A UN FANTOME

MOI ET L'AMOUR

MYTHES

MYTHES

LES SAISONS DE MA VIE

LIBERTE

LE SCULPTEUR EST ATTALE AVEC LE TEMPS

LA ROSE

POUR UN MONDE SANS BARRIERES

AMOUR

L'OPERA GARNIER

LA BEAUTE EST-ELLE DANS LE REGARD DE QUI REGARDE OU DANS LA CHOSE REGARDEE?

LA BEAUTE EST-ELLE DANS LE REGARD DE QUI REGARDE OU DANS LA CHOSE REGARDEE?

LE TEMPS DES FEMMES, C'EST LE TEMPS DE L'"OIKOS"

LA MORT D'UN AMI

SUICIDE

LA POESIE AU CAFE

SUICIDIO, SUICIDIO ASSISTITO E EUTANASIA
MON TESTAMENT LITTERAIRE
MES BRIBES DE VIE
Entonces apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré así lo que vale la felicidad!. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo.

Antoine de SAINT-EXUPERY, El Principito
Simone de BEAVOIR e Jean-Paul SARTRE
UN LIVRE N'EST RIEN QU'UN PETIT TAS DE FEUILLES SECHES, OU ALORS, UNE GRANDE FORME EN MOUVEMENT: LA LECTURE.

Jean-Paul SARTRE
Inserire testo
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à mon Père, le premier Homme de ma vie, qui a fait de moi un Homme.
Merci, Papa.
Daniela


« Pour transformer le monde, il n'est pas besoin pour toi de la pioche, de la hache et de la truelle et de l'épée. Mais il te suffit de le regarder seulement avec ces yeux de l'esprit qui voit et qui entend. »
Paul Claudel


L’idéologie rend sourds et aveugles.
Elle refuse d’écouter ce qui n’entre pas dans son univers sectaire.
La grande majorité des gens sont sourds et aveugles aux problèmes du monde ! Tant qu’ils ne sont pas directement concernés et que les fléaux ne leur tombent pas sur la tête, ils s'en moquent !
Ils ne voient même pas qu'une grande partie de ces problèmes ont une incidence directe sur leur vie.
La Liberté n’est pas une exigence que nous devrions attendre de la Société ou de l’Etat ; elle est d’abord une exigence intérieure.
Quand les prisons de nos regards et les tombeaux des mots s'ouvrent, quand les barbelés de nos représentations sont arrachés, quand les écrans et les voiles de nos esprits sont déchirés et que les regard en miroirs sont brisés, alors les regards simples, pauvres et nus se lèvent et, sans appui, marchent à travers les murs. Comme les vitraux d'une cathédrale de lumière, ils dansent les mille couleurs des choses. Sur la montagne vide, par delà la grâce des mots et la lourdeur des choses, les mots se font silence-sonore, ténèbres-lumineuses, absence-présence.
Folie humaine ou sagesse divine?
C'est la douce folie des Enfants, des Artistes et des Saints qui nous invitent à « vivre en poésie », accordés avec cet au-delà, qui se voile et se dévoile dans le silence des choses comme dans les secrets de nos histoires.



Ce qu’il y a de plus important dans la vie, c’est d’apprendre à vivre.
Il n’y a rien que les hommes se montrent plus désireux de conserver que la Vie, et il n’y a rien qu’ils s’efforcent moins de bien diriger.
Y réussir est chose moins facile qu’on ne pense.

« La vie, »

dit Hippocrate au commencement de ses Aphorismes médicaux,

« est courte, l’art est long, l’occasion passagère, l’expérience trompeuse et le jugement difficile. »

Le bonheur et le succès ne dépendent pas des circonstances, mais de nous-mêmes.

« Plus d’hommes ont dû leur ruine à leurs propres fautes qu’à la malveillance des autres ; plus de maisons et de villes ont été anéanties par l’homme que par des tempêtes et des tremblements de terre. »

Parler aujourd'hui d'émerveillement peut sembler une folie, mais cette folie n'est-elle pas la plus grande sagesse devant la désespérance de ce monde?
Toute l’histoire de la philosophie, depuis les Pré-socratiques jusqu’à Heidegger tourne autour de ce mystère de l’étonnement devant le sublime de la vie.

« Avoir l'esprit philosophique, »

écrit Schopenhauer,

« c'est être capable de s'étonner des événements habituels et des choses de tous les jours. »

E Einstein nous assure :

« Celui qui a perdu la faculté de s'émerveiller et qui juge, c'est comme s'il était mort, son regard s'est éteint. »

Nous retrouvons chez tous les grands hommes cette illumination du regard. L'homme devient génial quand son moi ne fait pas écran entre le réel et la vérité; Par leur avoir, leur pouvoir, ou leur savoir, les hommes se rendent aveugles.
L'homme d'aujourd'hui tombe volontiers dans l'erreur de croire que tout peut être expliqué, qu'il n'y a plus de mystère. Et que l'émerveillement ne serait que l'effet de la nouveauté sur des esprits ignorants.
L'humanité occidentale périt de cette perte du sens du merveilleux, qui est une confusion entre problème et mystère. Elle a perdu le sens du réel, en confondant réel, imaginaire et symbolique.
L'idolâtrie des choses ou des idées, et maintenant des images, est une vieille tentation de l’humanité !
S'étonner, c'est se laisser surprendre par les choses les plus simples de la vie.
Entre le choc de l'étonnement et la terre promise de l'émerveillement, il y a un long chemin d'exode, où notre esprit s'éveille et où notre regard se libère.
Il nous est dit au premier chapitre de la Genèse qu’à la fin du sixième jour :

« Dieu vit tout ce qu’il avait fait et voici, tout était très bien. »

Non seulement bien, mais très bien ; et cependant combien peu d’entre nous savent apprécier l’admirable monde où nous vivons ?
Plusieurs d’entre nous marchent à travers la vie comme des Fantômes : ils se trouvent dans le monde sans en faire partie. Nous avons des yeux pour ne point voir et des oreilles pour ne point entendre.
Pour voir, il faut regarder.
Regarder, c'est garder, c'est monter la garde, non pour prendre l’Autre en flagrant délit mais pour se laisser surprendre.
Regarder, c’est devenir gardien de l'être, c'est veiller dans l'attente d'une « sensation vraie » comme dit Cézanne.
Regarder est beaucoup moins facile que de ne pas regarder, et c’est un don précieux que d’être capable de voir ce qui passe devant nos yeux.
Ruskin affirme :

« Ce que l’esprit humain peut faire de plus grand en ce monde est de regarder et de raconter tout simplement ce qu’il a vu. »

Je ne pense pas que les yeux de Ruskin soient meilleurs que les nôtres, mais comme il voit plus de choses avec les siens !
L'émerveillement naît d'abord du silence, et il conduit au silence. Ce silence de soi est la première condition de sa manifestation. Le silence est la trace en nous de l’émerveillement; et celui-ci est proportionnel au silence qu’il fait naître en nous. Quand l'œil écoute la musique du silence, l'esprit perçoit la mélodie secrète des choses. Le silence et l'émerveillement accomplissent ce miracle de nous introduire dans le dialogue avec un au-delà du visible et du lisible.
J'aime le silence.
Il permet d'entendre la mélodie de l'âme. Celle de l'Autre, lorsque je l'écoute se dire, ou la mienne lorsqu'elle murmure en paix.
Le silence me rapproche de l'état de nature, me rappelle que j'en suis un élément.

« La nature qui fait toutes choses pour qu'elles répondent à une intention et une destination précises, comme ils le disent justement, n'a pas donné la sensation à l'animal simplement pour pâtir et sentir, mais parce que, entouré d'êtres dont les uns lui sont appropriés et les autres inappropriés, il ne pourrait survivre un seul instant, s'il n'apprenait à se garder des uns et à se mêler aux autres. Or, si la sensation fournit à chacun semblablement la connaissance des uns et des autres, les conséquences de la sensation, la saisie et la poursuite des choses utiles, le rejet et la fuite des choses funestes et pénibles, nul moyen qu'elles se rencontrent chez qui n'a pas reçu par nature la faculté de raisonner, juger, se souvenir et être attentif. Les êtres qu'on dépouillera de toute attente, de tout souvenir, projet ou prépara¬tion, de l'espoir, de la crainte, du désir et de l'affliction, il ne leur servira de rien d'avoir des yeux ou des oreilles ; et il vaut mieux être débarrassé de toute sensation et de toute imagination qui ne s'accompagnent pas de la faculté qui en fait usage, que d'éprouver peine, douleur et souffrance sans avoir les moyens de repousser ces maux. Et justement le physicien Straton démontre que sans l'intellection absolument aucune sensation ne se produit. Souvent en effet un texte que nous parcourons des yeux, des paroles qui frappent notre ouie nous échappent et nous fuient, parce que notre esprit est occupé à autre chose ; puis il revient : alors il change sa course et poursuit un à un chacun des mots qu'il a laissé échapper. C'est en ce sens qu'il a été dit « c'est l'intellect qui voit, l'intellect qui entend : le reste est sourd et aveugle »; car l’affection qui a pour siège l'oeil ou l'oreille ne produit pas de sensation sans la présence de la pensée. D'où la réponse du roi Cléomène : il assistait à un banquet où se faisait applaudir un chanteur dont on voulut savoir s'il ne semblait pas habile : « Voyez vous-mêmes, demanda t il, pour moi j'ai l’esprit dans le Péloponnèse ». Donc tous les êtres qui possèdent la sensation, nécessairement possèdent aussi l’intellection. »
Porphyre, De l’Abstinence, III, 21.5

Bien que nous ayons une ferme espérance dans les progrès de la race humaine, cependant individuellement, en avançant en âge, nous nous détachons de bien des choses qui, dans notre jeunesse, nous procuraient le plaisir le plus intense. Mais, d’un autre coté, si notre temps a été bien employé, si nous nous sommes prudemment chauffés les mains « au foyer de la vie », il se peut que l’âge nous donne plus que nous ne perdons. A mesure que nos forces diminuent, nous sentons moins aussi la nécessité de l’exercice ; l’espérance, peu à peu, fait place à la mémoire.
Celle-ci ajoutera-t-elle à notre bonheur ou non ?
Cela dépend de ce qu’aura été notre vie ici-bas.
Il y a des vies qui perdent de leur valeur à l’approche de la vieillesse ; chaque jouissance se flétrit l’une après l’autre, et celles mêmes qui subsistent perdent peu à peu de leur saveur. D’autres, au contraire, gagnent en richesse et en paix au-delà de ce que le temps leur a dérobé.
Les plaisirs de la jeunesse peuvent l’emporter en intensité et en saveur, mais ils sont toujours mélangés d’anxiété et d’agitation, et ne peuvent égaler en plénitude et en profondeur les consolations que l’âge apporte comme la plus belle récompense d’une vie exempte d’égoïsme.
Il en est de la fin de la vie comme de la fin du jour : il se peut qu’il y ait des nuages, et cependant, si l’horizon reste clair, la soirée sera belle.
Swedenborg suppose que dans le ciel les Anges avancent continuellement vers le printemps de leur vie, si bien que plus ils ont vécu longtemps, plus ils sont jeunes en réalité.
N’avons-nous pas des Amis qui semblent réaliser cet idéal, qui ont gardé, du moins par l’esprit, toute la fraîcheur de l’enfance ?


Voilà une histoire qui devrait faire prendre conscience de la difficulté à accepter la réalité telle qu'elle est.
C'est tellement plus simple de qualifier son contradicteur de fou, d'aliéné, de naïf ou d'imbécile !
Car, même si elle ne fait pas toujours plaisir, même si elle nous dérange dans notre confort et nos idées bien ancrées, même si elle chamboule le bon ordonnancement des choses, même si parfois elle fait peur, je crois qu'il faut pouvoir regarder et entendre la vérité nue, sans fard et en faisant fi de nos croyances et de nos certitudes.
Et c'est bien là le plus complexe...

Le Bouddha raconta cette histoire à ses moines :
« Un jeune veuf se dévouait à son petit garçon. Mais pendant qu'il était en voyage pour son métier, des bandits incendièrent tout le village, le laissant en cendres, et enlevèrent le petit garçon. Quand le père rentra, il ne retrouva que des ruines et en eut le coeur brisé. Voyant les restes calcinés d'un enfant, il crut que c'étaient ceux de son propre fils, prépara une crémation, recueillit les cendres, et les mit dans un sac qu'il emportait partout avec lui.
Un jour, son vrai fils parvint à échapper aux bandits et à retrouver le chemin de la maison, que son père avait reconstruite. Il arriva, tard dans la nuit et frappa à la porte. Le père demanda:
« Qui est là ? »
« C'est moi, ton fils. S'il te plait fais-moi entrer ! »
Le père, qui portait toujours les cendres avec lui, désespérément triste, crut qu'il s'agissait d'un misérable qui se moquait de lui. Il cria:
« Va-t-en ! »
Son enfant frappait et appelait sans cesse mais le père lui faisait toujours la même réponse. Finalement le fils partit pour ne plus jamais revenir.
Après avoir terminé ce récit le Bouddha ajouta:
« Si vous vous accrochez à une idée comme à une vérité inaltérable, quand la vérité viendra en personne frapper à votre porte, vous ne serez pas capable d'ouvrir et de l'accepter. »
tiré de l'Udana Sutta
28-02-2008
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07-02-2008
“Je ne suis pas de ceux qui disent que leurs actions ne leur ressemblent pas. Il faut bien qu’elles les fassent, puisqu’elles sont ma seule mesure, et le moyen de me dessiner dans la mémoire des hommes ou même dans la mienne. »
Marguerite YOURCENAR, Mémoires d’Hadrien


à Vous Jeune Ami
Je Vous souhaite d'aller très loin et de faire aboutir tous Vos projets !


Je tiens à Vous parler un instant, Mon Jeune Ami, bien que je sois à peine en mesure d'écrire quelque chose d'utile.
Plus nous sommes silencieux, patients et disponibles, et plus ce qui est nouveau pénètrera profondément et sûrement en nous, mieux nous le ferons nôtre; il sera d'autant plus notre Destin propre, et, plus tard, lorsqu'il se produira, nous nous sentirons profondément intimes et proches.
Et c'est nécessaire.
Il est nécessaire — et c'est vers cela que peu à peu doit tendre notre évolution — que nous ne nous heurtions à aucune expérience étrangère, mais que nous ne rencontrions que ce qui, depuis longtemps, nous appartient.
Il a déjà fallu repenser tant de conceptions du mouvement qu'on saura peu à peu admettre que ce que nous appelons Destin provient des Hommes et ne vient pas de l'extérieur.
De même qu'on s'est longtemps abusé à propos du mouvement du Soleil, on continue encore à se tromper sur le mouvement de ce qui est à venir.
L’Avenir est fixe, mais c'est nous qui nous nous déplaçons dans l'Espace infini.
Tout ce qui, un jour, deviendra peut-être possible pour beaucoup, le solitaire peut déjà le préparer et l'élaborer de ses propres mains qui se trompent moins.

Me voici.
C’est à cause d’une intervention chirurgicale au genou droit que je vis presque exclusivement depuis plusieurs mois dans ma chambre que j’aime.
C’est prodigieux, la chance d’être ici : je peux vivre en solitaire, presque en ermite, tout en étant au cœur de l’Univers.
Ici, j’ai fait mon nid.
Sur la table de la chambre dont les fenêtres s’ouvrent sur les grands arbres d’une villa, il y a le dossier de mon testament littéraire. Parfois j’y glisse un petit papier…
Entre le « vrai » testament et ce livre il n’y aura pas grande différence.
Dans un testament on indique comment il faut partager ce qu’on laisse. Dans mon testament il y a aussi ce que la Vie m’a provoqué à penser, ce que j’ai eu envie de dire à certains moments.
En vieillissant, peu à peu, on prend conscience d’un devoir.
D’abord on résiste, parce que cela semble présomptueux… et puis revient avec insistance, au-dedans de soi, une voix qui dit :

« Avant de nous quitter, dis-nous ce que tu sais. »

Si aujourd’hui je ne me soumettais pas à cet appel, j’aurais le sentiment d’enterrer le talent d’une existence. Non pas les mérites de ma personne, bien sûr, mais ce que les circonstances de la Vie dans laquelle j’ai été trimballé m’ont fait comprendre, souvent après bien des résistances.
Toutes les difficultés, les doutes et les renoncements expérimentés par un écrivain ne s’expliquent pas, comme on le croit trop souvent depuis Mallarmé, en termes de stérilité ou d’angoisse devant la page blanche.
Ce sont là métaphores de poète à ne pas prendre au sens littéral : elles ne rendent pas compte de la réalité infiniment plus complexe du processus de création littéraire.
Dans la plupart des cas, si l’écrivain ne parvient pas à faire aboutir son projet – j’entends le grand écrivain -, ce n’est pas qu’il ne peut pas écrire, mais qu’il ne veut le faire qu’à certaines conditions qu’il s’est imposées.
Il ne se dessèche pas d’impuissance, mais étouffe d’un trop-plein d’exigences.
Cette émotion-ci est commune aux historiens, aux archéologues et aux personnes cultivées qui ont perdu la Passion au contact de l’érudition.
Il s’agit d’une émotion à la fois plus exceptionnelle et plus personnelle, identique à celle que Goethe ressentit en arrivant en Italie après avoir écrit Werther : celle d’y rencontrer sa propre origine et d’y saisir le sens de son Destin.
Ce n’était donc pas le passé qui se rapprochait et qui, en se rapprochant, se mettait à ressembler au voyageur mais, à l’inverse, lui-même qui remontait le cours du temps et accédait à sa propre patrie ; son présent se chargeait de signes, et ceux-ci prenaient tout leur sens au contact du passé.
Si Vous demandez à deux jeunes gens pourquoi ils s’aiment, ils ne vont pas faire une liste des défauts ou des qualités, établir la moyenne, dire :

« Il (elle) arrive à 51%, c’est pour cela que je l’aime… »

Chacun s’écriera :

« Je l’aime parce que je l’aime, et foutez-moi la paix !
Je l’aime comme il (elle) est. »

La Politique est un acte d’Amour.
Il nous faut des contagieux.
Aucune valeur humaine ne peut grandir et se transmettre sans contagion. La contagion est une manière d’être, qui va de soi, comme celle des parents qui accompagnent l’enfant dans son éveil à la Vie. Le contagieux, c’est celui qui sait voir les horreurs du monde, et ses merveilles, qui ne peut pas supporter les horreurs et qui cherche les solutions pour qu’il y en ait moins. Celui-là peut être entendu parce qu’il a agi.
L’homme politique, techniquement compétent, peut bien intervenir pour « l’accès à tous », « la lutte contre la misère », « l’action concertée contre le chômage », mais si, tout en parlant, il ne pense qu’à sa partie de golf du lendemain, il ne sera pas entendu.
Pour convaincre, les arguments sont nécessaires.
Mais les actes le sont davantage.
Qu’ils osent, les contagieux !
Qu’ils n’hésitent pas à utiliser les médias !
Leur action galvanisera l’opinion.
Et parce ce qu’on les aura écoutés, on leur redonnera la parole !
Ce sont eux qui somment d’agir les responsables et l’opinion publique, en les rendant plus clairvoyants et en leur imposant simultanément deux types d’action : l’action d’urgence – le secours immédiat : « Tu as faim, voilà à manger.» - et la planification, qui n’est plus aujourd’hui à l’échelle du pays, mais à celle du monde.
S'il est vrai que l'on veut étendre la Liberté absolue à tous les domaines, ce qui pourrait donner l'illusion que les Libertés continuent leur expansion sur tous les fronts, il est tout aussi vrai que l'auto-censure, sous la forme de la political correctness, par exemple, fait paraître nos libres parleurs bien timides par rapport à Aristophane et à tous les citoyens grecs de la même époque.
Un passage du Mariage de Figaro de Beaumarchais, écrit il y a plus de deux siècles, nous donne une idée, par le biais de l'humour, de la réalité de cette nouvelle censure qui se présente sous le couvert de la Liberté :

« On me dit que, pendant ma retraite économique, il s'est établi dans Madrid un système de liberté sur la vente des productions, qui s'étend même à celles de la presse; et que, pourvu que je ne parle en mes écrits ni de l'autorité, ni du culte, ni de la politique, ni de la morale, ni des gens en place, ni des corps en crédit, ni de l'opéra, ni des autres spectacles, ni de personne qui tienne à quelque chose, je puis tout imprimer librement, sous l'inspection de deux ou trois censeurs. »

À la rectitude politique, s'ajoute, dans la plupart des médias, surtout parmi ceux dont la réussite financière dépend de quelques annonceurs, une auto-censure de survie qui devient vite une seconde nature.
Il va de soi qu'il faut s'abstenir de donner une opinion éclairée sur le junk food dans une station de radio locale qui diffuse des annonces de telle chaîne alimentaire très connue.
En s'accumulant, ces manquements véniels au devoir de vérité créent un climat tel que toute une région peut être au courant des injustices commises par un chef d'entreprise du lieu, alors même que les médias ont craint d'aborder le sujet.
Preuve que l'on peut dans un même pays à la fois pousser trop loin la Liberté, (quand elle est une occasion de profit ou de plaisir) et se montrer incapable de l'assumer, (là où elle est un devoir).
Ne tenons jamais la Liberté d'expression pour acquise.
C'est le silence avilissant qu'il faut plutôt tenir pour acquis.
Comme nous le rappelle Fernand Dumont :

« Les censeurs existent toujours, même s'ils ont changé de costume et si leur autorité se réclame d'autres justifications. Toutes les Sociétés, quels que soient leur forme et leur visage, mettent en scène des vérités et des idéaux et rejettent dans les coulisses ce qu'il est gênant d'éclairer. Toutes les sociétés pratiquent la censure; ce n'est pas parce que le temps de M. Duplessis est révolu que nous en voilà délivrés. Les clichés se sont renouvelés, mais il ne fait pas bon, pas plus aujourd'hui qu'autrefois, de s'attaquer à certains lieux communs. Il est des questions dont il n'est pas convenable de parler; il est des opinions qu'il est dangereux de contester. Là où il y a des privilèges, là aussi travaille la censure. Le blocage des institutions, le silence pudique sur les nouvelles formes de pauvreté et d'injustice s'expliquent sans doute par l'insuffisance des moyens mis en oeuvre, mais aussi par la dissimulation des intérêts. On n'atteint pas la lucidité sans effraction. »
Fernand DUMONT, Raisons Communes

« L'essence même d'une société libre et civilisée c'est que tout devrait être sujet à la critique, que toutes les formes d'autorité devraient être traitées avec une certaine réserve... une société totalement conformiste dans laquelle il n'y aurait aucune critique serait en fait une exacte équivalence des sociétés totalitaires contre lesquelles nous sommes engagés dans une guerre froide. »
Roger KIMBALL, Malcolm Muggeridge’s Journey

Il y a dans l’histoire de l’Homme un moment qui me bouleverse.
C’est celui où les humains ont aligné leurs morts pour les enterrer.
On n’a jamais vu les bêtes aligner les dépouilles des bêtes.
Les animaux se cachent pour mourir…
A partir du moment où les restes des défunts ne sont plus laissés là, mais soigneusement rangés, un nouvel age commence : celui de l’HUMANITÉ.

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06-02-2008
SOLITUDE
JE NE CROIS PAS COMME ILS CROIENT.
JE NE VIS PAS COMME ILS VIVENT.
JE N'AIME PAS COMME ILS AIMENT.
JE MOURRAI COMME ILS MEURENT.

Marguerite YOURCENAR


Je ferme les yeux et je meurs.
Je ferme les yeux et je renais.
Je suis poète.
Je suis bien dans le silence de l’hiver, sur la terre nue et sans odeur.
Je m’efforce au même sommeil.
Il fait encore nuit.
La maison dort encore.
C’est la plus belle heure, celle que j’appelle l’heure chinoise.
Les yeux fermés je tente de repartir dans le sommeil, mais je ne plonge pas assez profondément. Je reste sur une plage triste, à mi-chemin entre la réalité et le cauchemar. Il vaudrait mieux allumer la lampe et lire, éviter les labyrinthes où la pensée s’engage, mais la fatigue me rend passive et je dérive vers des souvenirs lumineux.
Je les aborde parfois et ils m’envahissent au point que, la durée d’un instant, je les confonds avec la réalité. Mais la conscience ne désarme pas, et, de souvenir en souvenir, je glisse…
Je me refuse, depuis longtemps déjà, à comprendre les voies du Destin, mais je ne peux pas m’empêcher de me reposer des questions.
Ne pas penser en symboles, ne pas tâcher de trouver une signification à tout ce qui se passe sous mes yeux, ne pas transformer les signes sans reflets du temps présent en images de ce qui sera.
Mais comment s’en empêcher ?
Toute notre éducation converge vers ce symbolisme dans lequel nous nous efforçons de trouver, avec notre vocation maladive pour l’inévitable et le tragique, le visage de notre propre avenir.
Nous sommes tous de petites Sibylles impotentes, prêtes à traduire ce qui est en ce qui pourrait être.
Deux langages sans correspondance possible s’opposent en nous et nous cherchons angoissés d’inexistants points de contact.
Ce qui est drôle, au milieu de mon désespoir, c’est que je ne peux pas m’habituer à l’idée du changement.
J’ai quitté Paris il y a vingt ans, mais je suis à Paris, et il me semble qu’il me suffirait de prolonger un peu plus une pensée ou une image pour changer de place et m’intégrer de nouveau dans mon rythme et dans mon espace habituels.
C’est en ce moment, en écrivant ces lignes, que je me sens envahie par un doute affreux.
Paris est loin et aucune pensée n’est capable de me faire changer de place.
Paris est comme le passé, perdue pour toujours, vécue, détachée de moi comme une chose étrange qu’on peut reconstituer par la pensée et l’imagination, mais qui n’est plus à la portée de la main
Mon passé a un nom, mais à quoi bon ?
Je pleure.
J’ai peur et j’ai froid et Dieu n’existe pas.
La cruauté parle de son inexistence.
Il est le reflet de nos craintes et de ce que nous n’osons pas faire sans remords. Cette vérité prend forme au bout de mes larmes, comme les fantômes de glace au bord de la mer.
Comment un Dieu pourrait-il remplir de sa personne tout un ciel ?
Si le ciel est vide, comme je le pense, ce Dieu devrait être tout petit et tout seul au milieu d’un silence et d’une solitude insupportables.
Ce Dieu, au fond, devrait me ressembler, du moins par ce coté.

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23-01-2008
« Un peu de justice sur cette terre m’aurait pourtant fait plaisir »
Emile ZOLA



Atterré par le verdict du second procès de Rennes, le 9 septembre 1899, et indigné de voir les responsables politiques faire usage de la loi d’amnistie – « cette trahison juridique » - qui absolvait, en 1900, les innocents et les coupables, les criminels et les justiciers, sans établir de distinction entre eux, Zola demeurait cependant optimiste et convaincu de voir disparaître incessamment la haine antijuive dont il persistait à rattacher le déchaînement, à la crise générale qui traversait le pays depuis au moins dix ans.
Mais c’était sans compter sur l’acharnement de ses ennemis.
A cet égard, il faut se souvenir des commentaires auxquels sa mort accidentelle, dans la nuit du au 29 septembre 1902, donna lieu, pour mesurer la hauteur du mur de haine qui s’était dressé autour de lui depuis si longtemps, et particulièrement avec « J’accuse ».
Le 30 septembre 1902, La Libre Parole annonçait en lettres capitales : « un fait divers naturaliste : Emile Zola asphyxié », et publiait un de ces grands articles où la verve de Drumont excellait :

« J’ignore encore si, comme le bruit en court, paraît-il à Paris, Zola s’est suicidé, mais on comprendrait que cet homme, en regardant la vie dans son œuvre, en ait réellement éprouvé un irrésistible dégoût.

Jamais écrivain ne connut l’humanité, le monde, la création, la société, sous un aspect plus affreux, plus répugnant et plus sale…

La part prise par ce corrupteur de foules à l’affaire Dreyfus, changera en haine l’antipathie que les natures élevées éprouvaient pour ce ciseleur d’obscénités. Cette intervention de Zola dans une question qui ne le regardait aucunement, est encore inexplicable pour ceux qui réfléchissent, et semble être, elle aussi, la manifestation d’un certain trouble intellectuel ».

Observateur scrupuleux des comportements collectifs, Zola a pourtant senti d’instinct que la question juive n’avait plus rien à voir avec le thème archaïque que, par une exploitation abusive, ses prédécesseurs en littérature avaient vidé de sa substance.
Réactualisée, la question juive procédait désormais pour lui du grand courant historique de type évolutionniste qui heurtait dans ses profondeurs, la société française. Et l’antisémitisme qui s’en emparait devenait sous ses yeux une puissance idéologique et politique de premier plan, une doctrine raciale qui venait pour la première fois régénérer les vieilles haines ancestrales par l’illumination de sciences en vogue comme la biologie, l’économie politique ou la psychologie sociale, relayant du même coup un traditionalisme chrétien battu en brèche par la laïcité.
Témoin lucide de plus en plus effrayé par la lente pénétration de l’antisémitisme, et sensible plus qu’aucun autre à ses effets pernicieux : peur collective, intoxication de l’opinion publique, terreur exercée sur la presse par la presse elle-même, paralysie des rouages politiques et parlementaires, asphyxie de l’appareil d’Etat : Zola a compris l’enjeu politique qui s’y rattachait :

« Lorsque le peuple devient fou, en une de ces crises dont nous avons eu un exemple, l’élu est à la merci de ce fou, il dit comme lui s’il n’a pas le cœur de penser et d’agir en homme libre ».

C’est peut-être grâce à son expérience d’écrivain naturaliste, pourtant si décriée, que Zola aura été mieux placé que d’autres intellectuels de son temps pour saisir progressivement mais suffisamment vite, la complexité et l’ampleur que pouvait soulever la question juive, en dehors de tout esprit de parti. Pour deviner sous les formules provocatrices, haineuses et radicales, la peur et la hantise d’une société contrainte de changer malgré elle ses habitudes ancestrales. Pour appréhender derrière les slogans xénophobes et les anathèmes meurtriers au non de la race, de sa préservation, de la pureté de son sang, l’interrogation anxieuse sur l’identité française. Pour cerner enfin par-delà les groupes, les ligues et les symboles, la quête angoissée d’une substance nationale ; et dans le camp d’une Eglise détentrice d’un pouvoir spirituel disqualifié, la volonté de voir demeurer l’hégémonie du dogme sur les âmes.
La question juive, pour un homme comme Zola, c’est le diagnostic d’un état clinique touchant l’identité nationale, comme ce sera à nouveau le cas un demi-siècle plus tard, pour la France meurtrie de 1940.
Sous les traits du Juifs, la France malade de son identité trouve toujours là, depuis que le christianisme des premiers siècles a bâti sa doctrine rédemptrice sur le corps martyrisé du « peuple déicide », le moyen de cerner et d’exclure tout ce qui n’est pas elle : l’anti-nation, le négatif, le repoussoir, contre quoi l’âme française forge sa singularité.
Etranger aux résonances nationalistes du sionisme, Zola développa en revanche une attention remarquable au sort du judaïsme.
Certes, l’émancipation du judaïsme demeura à ses propres yeux, solidaire du rationalisme qui a ouvert les murs des ghettos au nom de la réalisation des prophéties bibliques de l’unification du genre humain, dans l’espace de l’Etat des droits de l’homme. Mais bien plus, la pensée de l’auteur des Quatre Evangiles, signale sur ce sujet une dimension incontestablement visionnaire, jusqu’à donner du judaïsme, à travers Dreyfus, le nom d’une expérience inouïe de l’injustice et de la souffrance.
S’il n’a pas voulu croire que la persécution antijuive qui sévissait en Europe, était déjà solidaire d’un effondrement de toutes les valeurs de l’humanisme occidental, Zola a vu en Dreyfus, à la fois le symbole de la rechute du progrès dans la France moderne, et l’accomplissement métaphysique de l’histoire du mal.
Mais à travers le sort tragique des Juifs de France, annonciateur des grands massacres, et à la lumière de son engagement personnel, Zola a compris aussi que l’expérience de l’exil et de la souffrance, par laquelle le peuple juif incarné en Dreyfus découvre toute l’humanité par défaut, était la condition nécessaire de son cheminement vers la reconstitution de l’unité et de la plénitude de l’humain.
Vraie figure de l’intellectuel, Zola porte aussi le poids de ses propres limites.
A lui qui a si bien décrit l’irruption massive et sans précédent dans la vie des hommes, des produits de la science : machines à vapeur, moteurs à explosion, électricité, énergie atomique dont il pressentait dès 1900, les effets catastrophiques ; pouvons-nous reprocher de n’avoir pas su formuler à l’avance les questions fondamentales que posera Henri Bergson, en 1914 :

« Qu’arriverait-il si les forces mécaniques, que la science venait d’amener sur un point pour les mettre au service de l’homme, s’emparaient de l’homme pour le convertir à leur propre matérialité ?

Que deviendrait le monde si ce mécanisme se saisissait de l’humanité entière et si les peuples, au lieu de se hausser librement à une diversité plus riche et plus harmonieuse, comme des personnes, tombaient dans l’uniformité commune des choses ?

Que serait une société qui obéirait automatiquement à un mot d’ordre mécaniquement transmis, qui réglerait sur lui sa science et sa conscience, et qui aurait perdu, avec le sens de la justice, la notion de vérité ? ».

A Zola qui demeura étranger au mouvement sioniste par fidélité à l’idéal républicain et à l’esprit universel des Droits de l’Homme, pouvons-nous reprocher aujourd’hui, d’avoir pris les bacchanales antijuives de la fin du siècle pour un des derniers sursauts de la vieille France moribonde ; quand on sait ce qu’il en advint, et qui gagna, en 1940, la totalité de l’appareil d’Etat, les institutions, la législation, les structures administratives : préfets, fonctionnaires, armée, église, éducation, pour faire tout aller aussi efficacement que possible dans le sens d’une solution définitive, finale, européenne, de la question juive.
Encore une fois, de quel droit pourrions-nous reprocher aujourd’hui aux hommes du XXe siècle, de n’avoir pu prévoir l’avènement de nos plus proches malheurs ?
Car plus justement, ce sont eux qui pourraient nous demander des comptes sur l’héritage transmis et géré avec si peu de prévoyance.
Et ce pourrait être le fait de Zola lui-même, car le vingtième siècle dans lequel il mettait tous ses espoirs n’aura pas répondu à son attente.
Zola à qui tout un public n’a cessé de reprocher tantôt la noirceur de ses descriptions, le pessimisme de ses visions, tantôt l’angélisme utopique et vieillissant de se derniers romans, aurait en effet été bien surpris de constater la manière dont les hommes de notre temps allaient régler le sort de leurs semblables.
Nul plus que lui, aurait été effaré d’apprendre que l’antisémitisme frénétique qu’il découvrait dans un complot de têtes malades et d’intelligences fumeuses, serait élevé au rang supérieur de doctrine d’Etat, couvrant toute l’Europe, donnant lieu en France même, à la mise en place d’une administration appropriée à son exécution, à la promulgation de décrets, de lois, de règlements et d’ordonnances, rappelant le vieux Moyen Age dont il constatait déjà le retour prémonitoire en 1896.
L’écrivain des Rougon-Macquart n’aurait pu imaginer, tant sa foi en l’homme étai grande, que le siècle de la science et des techniques dites libératrices, en inventant le crime contre l’humanité, allait inaugurer en même temps l’ère des barbaries à visage humain.


Aux yeux de mon Père qui répétait sans cesse que rien d’humain ne devrait nous être étranger, l’age, le sexe, la religion, l’ethnie n’étaient que des contingences secondaires.
Il m’a aidée à devenir UN INDIVIDU LIBRE.
Je serai son prolongement.
Je le suivrai et continuerai, accomplissant ce qu’il n’a pu mener à bien.

« Mon devoir est de parler je ne veux pas être complice. »
Emile ZOLA

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Dans deux semaines précises, je fêterai mes ... ans.
Je n’éprouve aucune nostalgie de l’enfance, de la jeunesse, aucune nostalgie des jours anciens.
A quoi ça sert de pleurnicher sur ce qui a été ?
Occupons-nous de choses sérieuses.
Avec la menace de la destruction de la planète, avec la mondialisation de l’économie, un autre type d’HOMME est né. Pour la première fois dans l’histoire de l’HUMANITÉ, on ne se sauvera pas les UNS sans les AUTRES.
L’HUMANITE, c’est un tribu qui doit traverser un désert, conquérir plus qu’un continent : la TERRE.
Il faudra retrouver une place pour chacun, une place utile.
Nous avons à réinventer le village de la TERRE, avec une place pour chacun, depuis le plus doué jusqu’au minus.
A ceux qui sont au seuil de l’âge adulte je dis :

« ALLEZ-Y. PRENEZ VOS RISQUES ! »

L’histoire de l’HUMANITÉ me passionne…
Et la prise de conscience du COSMOS !

Récemment Lorena, Sara, Shirin et Sonia m’ont demandé :

« Est-ce que c’est difficile d’être une FEMME ? »

Je n’ai pas répondu tout de suite.
Des questions de ce genre me rappellent que j’ai pris le risque, en les autorisant, d’être touchée dans mon intimité. Elles me rappellent aussi que « ce que je sais » inclut la part d’irréductibles mystères et la part d’ombre que chacun, plus ou moins consciemment, conserve au-dedans de lui.
Cette question, je l’ai considérée de plusieurs manières : d’une part, il y a la difficulté d’être humain, que l’on soit FEMME ou HOMME ; d’autre part, il y a l’aspect particulier qui est d’être « HOMME » au féminin.
Oui, c’est difficile d’être FEMME.
J’ai lu, il n’y a pas longtemps, cette phrase d’un psychologue dont j’ai malheureusement oublié le nom :

« Il est plus facile d’être une FEMME adulte qu’un HOMME adulte. »

Il expliquait que la FEMME éprouvait moins de difficulté à s’affirmer, pour des raisons qui tiennent à son corps, fait pour porter la VIE.
Alors que devenir viril pour l’adolescent ne va pas de soi !
Il y a chez tous les ETRES humains une bisexualité.
La part masculin en moi, je l’ai fortement ressentie, ce qui ne signifie nullement une quelconque attirance pour les relations homosexuelles. Je crois qu’accepter cette part masculin qui est en moi m’aide à mieux percevoir ce qui se passe entre les HOMMES et les FEMMES.
J’espère que les FEMMES ne vont pas jouer à l’HOMME, oubliant ce qui fait leur spécificité, caractérisée par des dons naturels que l’HOMME n’a pas.
Elles y perdraient le meilleur d’elles-mêmes.
Et l’HOMME aussi.
Parmi ces dons, il y a la MATERNITE.
Neuf mois durant, la FEMME sent la VIE peser en elle.
Elle connaît alors une expérience vitale que l’HOMME ne vivra jamais. Par les cycles qui rythment la VIE de son corps, la FEMME est liée à l’universel, à l’universel vivant ; elle vit en union mystérieuse avec la pulsation de l’UNIVERS.
Je pense qu’il y a là une richesse de l’HUMANITÉ, quelque chose comme du SACRE.

Croire en la VIE, c’est croire en d’AUTRES.
Pas tous les AUTRES, sans doute, mais si l’on prend ses responsabilité face à la VIE, on se fait des Alliés.
Etre ensemble devient nécessité absolue.
Et pour se faire des Alliés, il faut faire crédit.
Sans ce crédit fait à l’HUMANITÉ on ne pourrait pas respirer.
Récemment, au cours d’une nuit où je ne dormais pas, m’est venue à l’esprit cette évidence : on ne peut dire vraiment « CREDO » - je crois – si on ne fait pas crédit. Il arrive un moment où, comme dans l’AMOUR humain, il faut plonger, prendre du risque, faire véritablement crédit.
SANS CAUTION.
Faire son métier d’HOMME, c’est à certains moments prendre le risque de s’exposer, d’être en partie dépossédé de soi-même par les détresses qui nous entourent.
Beaucoup d’HOMMES et de FEMMES prennent ce risque pour servir les AUTRES.
A leur façon, obscurément.
En fait, je le sais d’expérience, on y est poussé, porté presque.

J’ai toujours du mal à répondre à la question sur les rencontres qui m’ont marqué.
A l’éveil de la VIE, il y a mon Père, l’être de mon Père, sa manière d’être, dans tous les domaines.
Rencontrer vraiment des HOMMES et des FEMMES a été l’une des chances de ma VIE.
Les personnes importantes que j’ai rencontrées dans ma VIE n’ont jamais été pour moi des modèles. Mais elles m’ont éclairé sur les différentes facettes de ma personnalité et m’ont forcé à moins me disperser, à me rassembler.
Elles m’ont façonné à la manière du coup de pouce sur la pâte à modeler.
Le chemin de toute VIE est bordé par des personnes.
Ce n’est pas un chemin dans le désert.
C’est un chemin parmi d’innombrables humains, et l’on y passe en ignorant le plus souvent leurs richesses cachées. Parfois – Dieu merci – on y cueille un fruit inattendu. Et l’on sait – encore Dieu merci – que par plus d’un, même inconnu, on sera cueilli à son tour.
Le plus merveilleux fondement de l’espérance, c’est que d’AUTRES ont besoin de moi et que je ne peux me passer ni de leur aide ni de leur besoin, car c’est le fait qu’ils aient besoin de moi qui me les rend précieux.
Ce qui, tout au long de ma VIE, m’a sûrement coûté le plus, ce fut le volontaire renoncement à la TENDRESSE.
La TENDRESSE d’un HOMME, celle de chaque jour, je ne l’ai jamais vécue. De cela, j’ai éprouvé une souffrance constante, quotidienne, toute ma VIE. Car je ne pense pas que, pour une FEMME, la TENDRESSE existe sans la présence d’un HOMME. Mais je ne crois pas que l’aspiration à la TENDRESSE implique nécessairement celle de l’achèvement donné par l’acte sexuel. Bien sûr, il ne faut pas se faire d’illusion : l’aspiration à la TENDRESSE participe de la pulsion instinctive. Cependant, il y a un ABIME entre la TENDRESSE et le PLAISIR.

L’HOMME d’aujourd’hui est colossal par l’énormité des responsabilités qui pèsent sur lui, et minuscule devant l’immensité des tâches qui de toutes parts l’appellent. Mais on ne peut pas, sous prétexte qu’il nous est impossible de tout faire en un jour, ne rien faire du tout !
Gardons au cœur l’impatience de faire.
Et l’indignation dans l’action.
Je pense que, dans l’histoire de l’HUMANITÉ, les GUERRES viennent en partie de ce qu’on n’a pas su montrer à l’HOMME les vrais buts sur lesquels mobiliser cette énergie irascible qui est en lui. Quand on est raciste, par exemple, on se trompe de colère, on utilise les forces irascibles contre celui qui est différent de soi. On en a peut, on le soupçonne d’être porteur de tous les malheurs, on se prend de haine pour lui.
Quand on s’indigne, il convient de se demander si on est digne.
Digne par exemple de venir en aide à ceux qui souffrent.
C’est mon Père qui me l’a fait comprendre.
Cette façon que j’ai de m’indigner montre que je suis passionnée.
Mais il faut être passionné pour réussir sa VIE !
Sans doute n’oserais-je pas dire que j’ai réussi la mienne, mais je reconnais qu’il est vraiment bon par moments de savoir qu’un effort, une action ont été contagieux, que d’AUTRES se sont engagés, que de belles réalisations ont pu naître.
Nous sommes dans un âge où l’HUMANITÉ entière est condamnée à tout savoir.
Il suffit que j’ouvre la télévision pour être submergée par les nouvelles du monde. En un instant, tout m’est jeté à la face.
Mais ce « TOUT » n’est pas TOUT.
Les médias sont d’abord à l’affût du sensationnel, puis ils agissent comme des loupes. Parmi tous les événements du monde, le magazine ou le journal télévisé va choisir celui-ci ou celui-là et le grossir de telle manière que notre conscience en sera envahie. Ces effets de loupe peuvent conduire à de véritables trahisons. Nous ne pouvons nous contenter de consommer avec insouciance l’information, choisie SANS NOUS, qui nous est ainsi distribuée.
Trop nombreux sont les téléspectateurs qui ne regardent la télévision que pour se distraire de leurs soucis et de leurs devoirs.
Ceux qui choisissent l’information avec soin savent que, malheureusement, leurs émissions sont diffusées après minuit !

J’ai peur quand je vois qu’aujourd’hui on vote de moins en moins.
Il faut voter.
Il faut aller dans les réunions publiques interpeller les candidats, quelle que soit leur couleur politique, et leur demander si la lutte contre l’exclusion est pour eux une priorité.
De plus en plus, nous savons, nous pouvons être vigilants.
Il est urgent qu’un travail soit fait, dès l’école, pour que le spectateur devienne adulte et responsable. Car, plus que jamais, nous avons le DEVOIR de SAVOIR.
Ouvrons grands les yeux.
Comme elle est détestable, cette étroitesse du regard que nous portons sur les problèmes quand ils ne sont pas les nôtres !

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Comme nous le rappelle la définition de la Grande Encyclopédie:
«La censure est l’examen qu’un Gouvernement fait faire des livres, journaux, dessins, pièces de théâtre avant d’en autoriser l’apparition. »
C’est toujours une illusion de croire que la Liberté d’expression n’est plus menacée et la vigilance n’est jamais aussi nécessaire que là où elle paraît superflue.
La Liberté d’expression totale, illimitée, pour toute opinion quelle qu’elle soit, sans aucune restriction ni réserve, est un besoin absolu pour l’Intelligence. Par suite c’est un besoin de l’Ame, car quand l’Intelligence est mal à l’aise, l’Ame entière est malade.
Chez un Etre humain, l’Intelligence peut s’exercer de trois manières.
Elle peut travailler sur des problèmes techniques, c’est-à-dire chercher des moyens pour un but déjà posé.
Elle peut apporter de la lumière lorsque s’accomplit la délibération de la volonté dans le choix d’une orientation.
Elle peut enfin jouer seule, séparée des autres facultés, dans une spéculation purement théorique d’où a été provisoirement écarté tout souci d’action.
Dans une Ame saine, elle s’exerce tour à tour des trois manières, avec des degrés différents de Liberté.
Dans la première fonction, elle est une servante.
Dans la seconde fonction, elle est destructrice et doit être réduite au silence dès qu’elle commence à fournir des arguments à la partie de l’Ame qui, chez quiconque n’est pas dans l’état de perfection, se met toujours du côté du mal.
Mais quand elle joue seule et séparée, il faut qu’elle dispose d’une Liberté souveraine. Autrement il manque à l’Etre humain quelque chose d’essentiel.
Il en est de même dans une Société saine.
On peut se demander ce qu’il adviendra des Nations dans ces conditions!

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04-01-2008
There are tramps in every Society.
A popular idea of a tramp is the ragged alcoholic who stops you in the street to beg money. But the majority of homeless people are very different from this stereotype.
People find themselves on the streets for all kinds of reasons. Sometimes it is the results of dire economic circumstances. Sometimes they are the tragic victims of a bureaucratic muddle… a broken marriage or a broken heart. Usually it is a combination of factors.
Life is hard and hostile for the jobless and homeless. But some people actually choose to drop out of Society.
The most famous tramp was the poet William Henry Davies, who wrote “The Autobiography of a Super Tramp”.
His attitude is summed up in these verses:

“WHAT is this life if, full of care,
We have no time to stand and stare?”


Leisure
William Henry Davies (1871-1940)


WHAT is this life if, full of care,
We have no time to stand and stare?—

No time to stand beneath the boughs,
And stare as long as sheep and cows:

No time to see, when woods we pass,
Where squirrels hide their nuts in grass:

No time to see, in broad daylight,
Streams full of stars, like skies at night:

No time to turn at Beauty's glance,
And watch her feet, how they can dance:

No time to wait till her mouth can
Enrich that smile her eyes began?

A poor life this if, full of care,
We have no time to stand and stare.


Money, O!
William Henry Davies (1871-1940)


When I had money, money, O!
I knew no joy till I went poor;
For many a false man as a friend
Came knocking all day at my door.

Then felt I like a child that holds
A trumpet that he must not blow
Because a man is dead; I dared
Not speak to let this false world know.

Much have I thought of life, and seen
How poor men's hearts are ever light;
And how their wives do hum like bees
About their work from morn till night.

So, when I hear these poor ones laugh,
And see the rich ones coldly frown
Poor men, think I, need not go up
So much as rich men should come down.

When I had money, money, O!
My many friends proved all untrue;
But now I have no money, O!
My friends are real, though very few.

Oscar Wilde says:

"A little sincerity is a dangerous thing, and a great deal of it is absolutely fatal."

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Inserire testo
« L’Utopie est l’anticipation des dominés sur la transformation des Sociétés. »
Karl MANHEIM


Je suis persuadée que nous semblerons à la Postérité extrêmement bêtes.
Les hommes ne sont au-dessus ou au-dessous les uns des autres que par le plus ou moins de raison ou de moralité.
Ce qui m’a toujours paru funeste, ce n’est pas tant la coupure entre l’Intelligentsia et le Pouvoir, mais celle qui existe à l’intérieur même de l’Intelligentsia.
Tout cela est dans la nature des choses. Mais lorsque l’Intelligentsia est foncièrement divisée, l’espoir d’une Culture Spirituelle et d’un Progrès Intellectuel communs à Tous et durables s’évanouisse.
La conception de l’Intellectuel qui vit sur une île déserte, dans les catacombes, dans sa tour d’ivoire, de briques ou d’autre chose, ou encore sur un iceberg au milieu de l’océan, portant son talent comme le bossu sa bosse, suggère une série d’images certes séduisantes, mais qui dissimulent une vision romantique du créateur, stérile et mortellement dangereuse.
La raison et le sentiment sont toujours d’accord en moi pour me faire repousser tout ce qui veut nous ramener en enfance : en Politique, en Religion, en Philosophie, en Art.
Ma raison et mon sentiment combattent plus que jamais l’idée des distinctions fictives, l’inégalité des conditions, imposée comme un droit acquis aux Uns, comme une déchéance méritée aux Autres.
Plus que jamais je sens le besoin d’élever ce qui est bas et de relever ce qui est tombé.
Jusqu’à ce que mon cœur s’épuise, il prendra le parti du faible.
Tel est le rôle droit et facile d’une conscience qui n’est engagée par aucun intérêt personnel dans des intérêts de parti. Ceux qui ne peuvent en dire autant d’eux-mêmes auront certes du succès dans leur milieu, s’ils ont le talent d’éviter tout ce qui peut leur déplaire, et, plus ils auront ce talent, plus ils trouveront les moyens de satisfaire leurs passions. Mais ne les appelez point dans l’Histoire en témoignage de la vérité absolue. Du moment qu’ils font métier de leur opinion, leur opinion est sans valeur.
La Politique n’est qu’un ramassis de blagues écoeurant.
Elle n'offre rien de nouveau.
Son irrémédiable misère m'a empli d'amertume, dès ma jeunesse.
Aussi, maintenant, n'ai-je aucune désillusion.
Mais ce n’est pas en méprisant sa misère que j’en contemple l’étendue.
Je ne veux pas croire que cette Humanité dont je sens vibrer en moi toutes les cordes harmonieuses et discordantes, dont j’aime les qualités et les défauts quand même, dont je consens à accepter toutes les responsabilités bonnes ou mauvaises plutôt que de m’en dégager par le dédain, soit frappée à mort.
Que la Politique pense et dise ce qu'elle veut.
Qu'importent tels ou tels groupes d'hommes, tels noms propres devenus drapeaux, telles personnalités devenues réclames ?
Laissons-les à leurs appréciations critiques, puisqu’ils nous divise et nous arme les Uns contre les Autres ; ne demandons à personne ce qu’il était et ce qu’il voulait hier.
HIER tout le monde s’est trompé, sachons ce que nous voulons AUJOURD’HUI.
VOILA TOUT.
Je sais des âmes douces et, généreuses qui, en ce moment terrible de notre Histoire, se reprochent d’avoir aimé et servi la cause du faible. Elles ne voient qu’un point dans l’espace, elles croient que le Peuple qu’elles ont aimé et servi n’existe plus, parce qu’à sa place une horde de bandits, suivie d’une petite armée d’hommes égarés, s’est emparée momentanément du théâtre de la lutte. Ces bonnes âmes ont un effort à faire pour se dire que ce qu’il y avait de bon dans le pauvre et d’intéressant dans le déshérité existe toujours ; seulement il n’est plus là et le bouleversement politique l’a écarté de la scène.
Voilà pourquoi nous sommes malades et pourquoi mon âme est brisée.
La DEMOCRATIE est une chose qui ne s'impose pas, c'est une libre plante qui ne croît que sur les terrains fertiles dans l'air salubre.
Elle ne pousse pas de racines sur les barricades, nous le savons maintenant !
Elle y est immédiatement foulée aux pieds du vainqueur, quel qu'il soit.
C'est être fou de croire qu'on sort d'un combat avec le respect du droit humain.
Toute Guerre Civile a enfanté et enfantera le forfait.
Un fanatisme patriotique est le premier sentiment de cette lutte.
Je n'y vois rien de vital, rien de rationnel, rien de constitué, rien de constituable. C'est une orgie de prétendus rénovateurs qui n'ont pas une idée, pas un principe, pas la moindre organisation sérieuse, pas la moindre solidarité avec la Nation, pas la moindre ouverture vers l'Avenir.
Ignorance, cynisme, brutalité, voilà tout ce qui émane de cette prétendue Révolution Sociale.
Déchaînement des instincts les plus bas, impuissance des ambitions sans pudeur, scandale des usurpations sans vergogne, voilà le spectacle auquel nous assistons.
Et moi, je devrais voir ces choses avec une stoïque indifférence !
Je devrais dire :

« L'homme est ainsi fait ; le crime est son expression, l'infamie est sa nature ? »

Non, cent fois non.
Je veux croire encore que l’Humanité compte dans son sein des HOMMES SENSES en grand nombre, et que ceux-là souffrent et rougissent de voir des bandits se parer de son nom.
N'a-t-elle pas un seul membre capable de protester contre les principes idiots, contre la démence furieuse ?
Quelle HUMANITE est là ?
Une Humanité qui a perdu l'Idéal ne se survit pas à elle-même.
Humanité n'est pas un vain mot.
L'Humanité est indignée en moi et avec moi.
Sa mort ne féconde rien et ceux qui respirent ses fétides émanations sont frappés du mal qui l'a tuée.
Nous avons à faire les immenses efforts de la fraternité pour réparer les ravages de la haine.
Nous mourrons tous vivants et tous chauds.
Je préfère cela à un hivernage dans les glaces, à une mort anticipée.
Et d'ailleurs, moi, je ne pourrais pas faire autrement.
Les grandeurs passées n'ont plus de place à prendre dans l'Histoire des hommes. C'en est fait des dieux qui exploitent les Peuples, c'en est fait des Peuples exploités qui ont consenti à leur propre abaissement.

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18-12-2007
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Non est certa meos quae forma invitet amores
Centum sunt causae, cur ergo semper amen.

Ce n’est pas une beauté précise qui éveille mes amours
J’ai cent motifs pour aimer toujours.

Ovide, Les Amours



Il entra dans ma Vie pour n’en jamais sortir en… - cela n'a pas d'importance –.
Je puis me rappeler le jour et l’heure où, pour la première fois mon regard se posa sur cet Etre qui allait devenir la source de mon plus grand bonheur et de mon plus grand désespoir.
Notre rencontre aurait pu n’être qu’un instant merveilleux, un beau souvenir sans risque qui n’aurait en rien modifié le cours de nos Vies.
En fermant les yeux, je me souviens de chaque détail.
Tout ce que je savais alors était qu’il allait devenir mon Ami.
Tout m’attirait vers lui.
Le problème était de l’attirer vers moi.
Que pouvais-je lui offrir, à lui qui avait aimablement, mais avec fermeté repoussé la Gloire et le Caviar ?
Comment pouvais-je le conquérir lorsqu’il était retranché derrière les barrières de la tradition, sa fierté naturelle et sa morgue acquise ?
De plus, il semblait parfaitement satisfait d’être seul et de rester à l’écart de ses semblables, auxquels il ne se mêlait que parce qu’il le fallait.
Comment attirer son attention, comment le pénétrer du fait que j’étais différente de ce morne troupeau, comment le convaincre que moi seule devais être son Amie ?
Pour la première fois de ma Vie je voulais l’impossible.
J’attendais sans attendre.
Je tentais d’immobiliser le temps, d’éterniser le fugitif, je dressais des statues dans le vide.
Chaque jour, je subissais la même torture de la séparation et de l’exclusion ; chaque jour, cette demeure, qui détenait la clé de notre Amitié, croissait en importance et en mystère.
C’est alors que j’ai commencé à ne plus subir la solitude, mais à me laisser apprivoiser par elle. Mon imagination l’emplissait de trésors : bannières d’ennemis défaits, épées de Croisés, armures, lampes ayant jadis brûlé a Esfahan et à Tehran, brocarts de Samarkand et de Byzance.
Les quelques mois qui suivirent furent les plus heureux de ma Vie. D’un seul coup, nous fûmes riches de centaines d’instants, d’événements vécus ensemble et gardés dans notre mémoire parce qu’ils nous avaient réunis.
Avec la venue du printemps, toute la campagne ne fut qu’une immense floraison, les cerisiers et les pommiers, les poiriers et les pêchers, tandis que les peupliers prenaient leur couleur argentée et les saules leur teinte jaune citron.
Je ne cherchais plus son visage nulle part.
Il surgissait de partout.
Mais le barrières qui me séparaient de lui semblaient dressées à jamais.
C’est ainsi que, trop fière pour l’interroger là-dessus, je devenais de plus en plus tourmentée, soupçonneuse et obsédée par le désir de pénétrer dans sa forteresse.
Le soleil est aujourd’hui comme le bonheur, caché, mais existant.
Je cherche le ciel d’azur, l’âge d’or.
Je dois apprendre de nouvelles raisons de joie.
Redevenir claire, repousser la nuit, le garder en moi.
Quelque part, à des milliers de kilomètres, il existe.
Je le respire aussi naturellement que l’air.
Le désert, plus qu’aucun autre paysage donne la Liberté à l’imagination.
Un arbre au bord de la piste, un couple d’oiseaux dans le ciel témoignent plus de la Vie que la plus verte vallée.
Il existe.
Nous nous étions rencontrés, ce qui me fait penser à deux fleurs situées sur des arbres différents et qui voudraient être ensemble et qui n’ont que leurs muettes couleurs et leurs parfums lointains pour se toucher, au milieu de la stupidité et de l’indifférence des choses.
L’Hiver me détache de tout.
Je redeviens celle que j’ai toujours été.
Je ferme les yeux et je recommence à rêver.
Je vis et je recommence à écrire.
Ai-je vraiment besoin de savoir ?

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15-12-2007
Je cherche le mot juste, mais je ne le trouve pas. Il y a longtemps que je cherche. Au début, je l’ai cherché en allemand, puis je me suis dit : assez, je ne le trouverai jamais, cette langue ne me servira pas, j’y nagerai dans les approximations romantiques et les euphémismes. Mais la langue française, en revanche, me paraissait si précise, trop précise même pour moi qui étais dans le vague.
Et pourtant il devrait bien exister ce mot, un mot précis, solide, acéré.
On dit qu’au siècle prochain, quand l’espérance de Vie sera de cent cinquante ans, on oubliera non seulement le nom de ses grands-parents, mais aussi de ses parents.
Si j’ai connu un jour le mot que je cherche, comment ai-je bien pu le perdre ?
Je me suis beaucoup déplacée.
Ma Vie, telle la Gaule de Jules César – même si nos préoccupations ne sont pas identiques – est divisée en trois parties. Mais si Jules César – ne croyez pas, mon Général, que j’aie l’audace de me comparer a Vous. Il ne manquerait que cela ! – s’occupa de l’espace, moi, qui écris ces lignes, j’ai été toute ma Vie préoccupée par le temps, qu’on ne saurait ni acheter, ni dérober, ni falsifier.
Il se peut donc que je l’aie connu et perdu en cours de route, ce mot qui me manque et qui devrait désigner un sentiment précis, précieux, semblable à une flamme, basse chez les uns, haute chez les autres.
Une flamme qui s’est maintenue pendant des millénaires, se moquant des tempêtes, des orages et des guerres.
Une flamme intrépide, belle, toujours à mesure humaine.
Or voici que soudain vient la découverte.
Oui, le mot juste, celui que je cherchais au commencement, il est venu à moi.
Et c’est NECESSITE.
La NECESSITE, Vous dis-je, le besoin que deux Etres ont souvent l’Un de l’Autre, même s’il n’y a sans doute jamais de totale égalité.
Une NECESSITE présente, pressante et solide comme le besoin de tendresse, de chaleur et de larmes.
Une NECESSITE profondément inscrite dans le secret des confessions, des silences, peut-être même de la volupté.
NECESSITE sous-tendue par une force créatrice, NECESSITE d’aimer et d’être aimé.
NECESSITE, dont, ici, je me réclame.

Il m’est arrivé, à divers moments de ma Vie, d’esquisser mes souvenirs, mais lorsque je parlai de moi, je ne me sentais pas tout à fait à l’aise, un peu comme si je voulais imposer à mon lecteur un personnage importun. Ma pensée vit à la fois dans le passé comme mémoire et dans le présent comme conscience de soi aux prises avec le temps. Quant au futur, il n’y en aura pas forcément un, ou peut-être sera-t-il bref et anodin.
Dans mon esprit, l’histoire de ma Vie a un début, un milieu et une fin.
On peut vivre pour l’Au-delà, pour les générations à venir ou dans le présent : personnellement, j’ai très tôt opté pour la féroce immanence, comme l’appelle Herzen.
Je me suis efforcée de rechercher le sens de la Vie, sans idée préconçue.
Je n’ai jamais été capable d’observer Autrui de façon aussi attentive et approfondie que moi-même. J’ai parfois essayé de le faire, surtout dans ma jeunesse, mais cela ne m’a guère réussi. Il y a des gens qui en sont peut-être capables, mais je n’en ai pas connu. Toujours est-il que je n’ai jamais trouvé quelqu’un qui sache voir en moi plus loin que moi-même. La connaissance de soi a été une donnée constante de ma Vie, mais je ne saurai dire quand l’idée m’en est venue. Je me souviens très bien, par contre, quand j’ai su pour la première fois que la Terre était ronde, que toutes les grandes personnes avaient un jour été ENFANTS, que Lincoln avait libéré les Noirs. Pour autant que je m’en souvienne, j’ai toujours cherché à me connaître, de façon différente, bien sur, suivant mon âge. Tantôt cette préoccupation se mettait en veilleuse et ne survivait en moi que de manière confuse, comme entre mes vingt et trente ans, tantôt elle me guidait de façon ferme et claire, comme dans ma petite enfance et après la trentaine. Elle reste en moi plus forte et plus pressante que jamais.
Chacun a ses secrets.
Certains les traînent tout au long de leur Vie comme un fardeau, d’autres les chérissent et les conservent avec soin, comme une source de Vie jaillissante où ils puisent leurs forces vives jusqu’à la fin. Pour moi, ces secrets forment le trait d’union entre mon passé et mon présent. Je ne suis de ceux qui traînent derrière eux un poids mort qui les accable. Ce que j’ai jugé de garder, je l’ai laissé vivre et s’épanouir en moi. J’ai l’impression d’avoir su tirer de tous les embrouillaminis de la Vie, peu importait que cela fût gai ou triste. Si le prix a parfois été exorbitant, c’était là sans doute le prix qu’exigeait la Vie. Celui qui a peur de payer trop cher meurt à soi-même.
Je n’ai jamais senti d’hiatus entre moi et le Monde, ce dont j’ai pris conscience il y a une trentaine d’année déjà, à une époque où je ne soupçonnais même pas l’existence d’une identité de nature entre l’homme et la pierre, entre la matière organique et inorganique. L’énergie que je sens en moi comme une onde de chaleur qui me traverse quand je prononce le mot « JE » ne peut se dissocier de la totalité de l’énergie cosmique. Moi aussi, je suis une partie de l’Univers et parfois c’est celle-ci que je perçois plus intensément que le tout. Je me rends compte que j’ai reçu ce potentiel d’énergie à la naissance, un potentiel étonnamment puissant vu ma santé, ma personnalité et la faculté que j’ai gardée jusqu’à ce jour de me transformer. Mais je sais que l’instant même où il sera épuisé, ce sera fini.
J’ai voulu me connaître et aussi me transformer.
Apres avoir pris la mesure de moi-même, je voulais me libérer, atteindre un équilibre intérieur, trouver des réponses aux questions posées, défaire des noeuds et ramener le dessin confus et morcelé à quelques lignes simples. Je voulais parvenir à un état stable, dépasser le désordre émotionnel de la jeunesse, les jeux intellectuels, le mal du siècle qui s’éternise et les angoisses de la créature tremblante du XX siècle : plus de peurs, ni de superstitions, ni d’incertitudes, ni d’engouements passagers. Il fallait éliminer ces obsessions dont on n’a plus aucune chance de se libérer quand vient la vieillesse.
Tout cela doit paraître terriblement sérieux. Peut-être le lecteur a-t-il déjà devant les yeux l’image d’un visage sévère avec des lunettes, un dentier, des cheveux raides et grisonnants, et d’un stylo ennuyeux, ventru, intarissable que tient une main arthritique et sillonnée de veines bleues.
Ce portrait est inexact, mais ce n’est pas à moi de juger de mon aspect.
Je sais seulement que le front est devenu ferme et l’ovale du visage avec ses zones d’ombre exprime une Vie infiniment plus intense que sur mes photographies de jeunesse.
L’idée d’un Au-delà ne m’intéresse guère. Elle s’apparente un peu, à mes yeux, à l’opium du peuple, on l’exploite comme le gaz ou le pétrole. Dès l’instant où elle surgit, je suis sur mes gardes, elle n’apporte que de fausses vérités et des réponses faciles, mieux vaut s’en méfier.
Tout ce qui est grand dans le Christianisme, qui est l’un des éléments constitutifs de notre civilisation, se retrouve dans les autres religions.
Toujours et partout on a tué Dieu pour s’en nourrir.
Ni les Actes des Apôtres, ni l’Apocalypse, ni l’Eglise n’ont réussi à briser les chaînes de l’esclavage, le Nouveau Testament n’a pas soufflé mot de la désolation qui se lit dans le regard des ANIMAUX.
Vingt siècles après les Béatitudes, les hommes continuent à se moquer des bossus, des anormaux, des impuissants, des homosexuels, des maris trompés et des vieilles filles.
Le Christianisme, tout en libérant les hommes spirituellement, n’a pas réussi à les libérer socialement.
Le siècle qui m’a vue naître et grandir était le seul à pouvoir me convenir.
Je sais bien que beaucoup en jugent autrement.
Je ne parle pas ici du bien-être matériel ou du bonheur de vivre dans son propre pays, mais de quelque chose de plus essentiel.
Femme italienne, où et quand aurais-je pu être plus heureuse ?
Au XIX siècle avec les mamans et les demoiselles de la bourgeoisie naissante ou les pédantes championnes du Féminisme ?
Au XVIII siècle, ou à une époque encore plus lointaine lorsque, dans toute l’Europe, jeunes et vieux passaient leur temps à dormir, manger et prier ?
Tout était déjà en place quand je suis arrivée. Autour de moi s’étalaient des trésors, il n’y avait qu’à les ramasser.
Je vis au milieu d’un invraisemblable et indescriptible foisonnement de questions et de réponses et pour être tout à fait franche, les malheurs de mon siècle m’ont plutôt servi.
Je suis heureuse que les énigmes de ma jeunesse aient été élucidées.
Je ne fais jamais semblant d’être plus intelligente, plus belle, plus jeune, ni meilleure que je ne suis.
Je choisis mes Amis.
Je suis libre de vivre où et comme je veux, de lire, de penser ce que je veux, d’écouter qui je veux.
Je suis libre dans les rues des grandes villes lorsque, perdue dans la foule, je déambule sans but sous une pluie battant en marmonnant des vers, quand je me promène au bord de la mer dans une solitude bienheureuse, bercée par la Musique intérieure, quand je referme derrière moi la porte de ma chambre.

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13-12-2007
dédié à Madame R
Dit Léonard :

« Toutes nos connaissances découlent de ce qu’on ressent. »

Eprouver par les sens – au premier rang desquels il place la Vue – et discerner, juger, réfléchir, tels sont pour lui les vecteurs fondamentaux de la « Sapieta », de la Sapience, qui est à la fois Savoir et Sagesse.

Il faut, dit-il, apprendre d’abord à séparer les parties du tout :

« La Vue est une des opérations les plus rapides qui soient ; en un instant, elle accueille une infinité de formes, et pourtant elle ne saisit qu’un objet à la fois. »

Pour lire un texte, on doit considérer les mots un à un, puis les phrases que composent ces mots, et non, globalement, l’ensemble des lettres inscrites sur la page.
De même, dit Léonard :

« Si tu veux avoir connaissance des formes des choses, commence par leur détail, et ne passe d’un détail à un autre qu’après avoir bien fixé le premier dans ta mémoire, et l’avoir longuement pratiqué. »

L’Artiste entraîne ses sens, il éduque ses facultés d’observation, comme un sportif développe ses muscles.
Il est sans cesse en avance sur son Temps et sans cesse dérangé par un Avenir qui ne veut pas Lui obéir.
Ses yeux seuls subsistent, détachés de Lui.
Tristes comme des lévriers sans maître, déconcertés comme des Archanges a qui nul Dieu ne donne plus d’ordres.
Entre eux et les choses, on ne sert pas d’intermédiaires.
Percevoir, mais aussi conserver, transmettre l’Aventure humaine, à la fois un peu plus âpre et un peu moins sombre.
Rien n’y réussit mieux qu’une Image.
Une seule Image égale souvent un Livre.
Là précisément est le Mystère de l’Art.

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22-11-2007
dédié à B
Que mes mots s'envolent vers Toi.
Que mes mots s’envolent vers Toi !

« Ce n’est pas toi que j’aime, c’est bien plus, c’est mon existence, qui m’est donnée à travers toi. »
Frank Kafka, Lettres à Milena

À qui s’adresse la Lettre ?
De qui vient-elle?
Que contient-elle?
Ces questions ouvrent mon commentaire sans toutefois résumer ou rassembler ce qui s’y dessine.
L’art épistolaire, qu’il s’agisse de Lettres authentiques ou fictives, permet une construction de l’image de soi, à la fois adaptée au destinataire et choisie par l’épistolier.
Comme l’écrit Bernard Beugnot : « L’épistolier est un artisan de soi. »

Ces questions ne mériteraient pas d’être promues au rang d’interrogatifs si elles ne renvoyaient qu’à un sentiment désagréable ; en fait, ce sentiment nous met en rapport, sans discrétion, avec la tragédie. Le problème de la Lettre, ou plus précisément de l’envoi de la Lettre, est tragique pour autant que l’envoi ne garantit pas la relation, le lien, qu’on désire désespérément instituer. Le drame vient de l’absence de lien. Mais surtout, le drame provient du caractère non assuré du lien, de sa précarité, car une Lettre peut toujours ne pas arriver à destination. Il faut toujours craindre qu’une Lettre se perde, que la correspondance soit rompue.
La Lettre d’Amour, s’écrivant dans la distance, implique toujours une certaine différance du contact ; la Lettre d’Amour n’est jamais sûre d’atteindre ce qu’elle vise, même si elle arrive. Pourtant la Lettre d’Amour est indissociable de la singularité d’un désir, désir d’atteindre, non pas un Autre, mais cet Autre-ci : l’Autre en tant qu’Unique. En tant que trace singulière et singularisante, la Lettre d’Amour cherche à instituer l’Autre en tant qu’Autre, en l’appelant par son nom, même quand elle ne le nomme pas. Mais si la Lettre d’Amour s’écrit toujours dans la distance, elle s’écrit également en opposition à la distance, contre elle ; elle désire combler la béance et se résoudre en elle. Puisque la venue de l’Autre signerait la mort de l’Autre comme Autre, la mort de l’Amour et la mort de l’Ecriture. Aussi, la Lettre d’Amour, tout en appelant l’Autre et en allant à sa rencontre, veille à préserver la distance. De façon plus précise, la Lettre d’Amour travaille au profit de cette rencontre à venir - qui ne vient jamais – en suscitant un double mouvement : de soi à l’Autre et de l’Autre à soi. L’envoi de la Lettre à un sens pour autant qu’elle fournit l’occasion à l’Ego de se réfléchir dans la figure d’un Alter-ego, réduit ici à une figure purement spéculaire, un Autre soi, c’est-à-dire tout sauf de l’Autre.
Le secret de la Lettre d’Amour, ce qui ne cesse de se nier en se disant et qui, par là, se dit en se niant, réside dans le désir d’être l’Autre, littéralement. Le secret de la Lettre d’Amour c’est de croire à l’indistinction, à l’indifférenciation entre « moi » et « toi », c’est qu’il n’y ait pas d’expéditeur, pas d’adresse ; c’est de bouleverser l’ordre de la communication, c’est d’être parole errante entre « toi » et « moi », que nous pouvons nous approprier, l’Un dans l’Autre, l’Un pour l’Autre.
Il suffit de relire quelques Lettres à Milena pour s’en convaincre :

«… Au lieu de dormir, j’ai passé la nuit avec tes lettres (pas tout à fait volontairement, je dois l’avouer). Cependant, je ne suis pas encore dans le dernier dessous. A vrai dire, je n’ai pas reçu de lettre, mais cela ne fait rien non plus. Il vaut beaucoup mieux maintenant ne pas s’écrire chaque jour ; tu t’en es rendu compte en secret, avant moi. Les lettres quotidiennes, au lieu de fortifier, dépriment ; autrefois, je buvais ta lettre d’un trait, et je devenais aussitôt (je parle de Prague, non de Merano) dix fois plus fort et dix fois plus altéré. Mais maintenant, c’est tellement triste ! Je me mords les lèvres en te lisant ; rien n’est plus sûr sauf la petite douleur dans les tempes. Mais peu importe, excepté une chose, une seule chose, Milena : d’abord, ne pas tomber malade. Ne pas écrire est bon (combien de jour me faut-il pour venir à bout de deux lettres comme celles d’hier, Sotte question, peut-on venir en venir à bout en deux jours ?), mais il ne faut pas que la maladie en soit la cause. Je ne pense qu’à moi en parlant ainsi. Que ferais-je si tu étais malade ? Très probablement, ce que je fais maintenant, mais comment ? Non, je ne veux pas y songer. Et pourtant, quand je pense à toi, toujours étendue dans ton lit, comme tu étais à Gmünd le soir, dans le pré (où je te parlais de mon ami et où tu écoutais si peu). Et ce n’est pas une image douloureuse, c’est proprement le meilleur au contraire de ce que je suis capable de penser en ce moment : tu es au lit, je te soigne un pue, je vais, je viens, je te pose la main sur le front, je m’abîme dans tes yeux quand je me penche sur toi, je sens ton regard qui me suit quand je vais et viens dans la chambre, et je sens toujours, avec un orgueil que je ne peux plus maîtriser, que je vis pour toi, que j’en ai la permission, et je remercie le destin parce que tu t’es un jour arrêtée près de moi et que tu m’as tendu la main. Et ne serait-ce qu’une maladie qui passera bientôt et te laissera mieux portante que tu n’étais auparavant, et dont tu te relèveras plus grand, tandis qu’un jour, bientôt, et espérons-le, sans douleur et sans bruit, je m’enfoncerai dans la terre. Ce n’est pas cela qui me tourmente, mais l’idée que tu tombes malade si loin de moi… »

Franz Kafka, Extrait de Lettres à Milena - Août 1920 -

« Voilà déjà bien longtemps Madame Milena, que je ne vous ai plus écrit, et, aujourd’hui encore, je ne le fais que par suite d’un hasard. Je n’aurais pas au fond à excuser mon silence, vous savez comme je hais les lettres. Tout le malheur de ma vie - je ne le dis pas pour me plaindre mais pour en tirer une leçon d’intérêt général - vient, si l’on veut, des lettres ou de la possibilité d’en écrire. Je n’ai pour ainsi dire jamais été trompé par les gens, par des lettres toujours ; et cette fois ce n’est pas par celles des autres mais par les miennes. Il y a là en ce qui me concerne un désagrément personnel sur lequel je ne veux pas m’étendre, mais c’est aussi un malheur général. La grande facilité d’écrire des lettres doit avoir introduit dans le monde - du point de vue purement théorique - un terrible désordre des âmes : c’est un commerce avec des fantômes, non seulement avec celui du destinataire, mais encore avec le sien propre ; le fantôme grandit sous la main qui écrit, dans la lettre qu’elle rédige, à plus forte raison dans une suite de lettres où l’une corrobore l’autre et peut l’appeler à témoin. Comment a pu naître l’idée que des lettres donneraient aux hommes le moyen de communiquer ? On peut penser à un être lointain, on peut saisir un être proche : le reste passe la force humaine. Ecrire des lettres, c’est se mettre nu devant les fantômes ; ils attendent ce moment avidement. Les baisers écrits ne parviennent pas à destination, les fantômes les boivent en route. C’est grâce à cette copieuse nourriture qu’ils se multiplient si fabuleusement. L’humanité le sent et lutte contre le péril ; elle a cherché à éliminer le plus qu’elle pouvait le fantomatique entre les hommes, elle a cherché à obtenir entre eux des relations naturelles, à restaurer la paix des âmes en inventant le chemin de fer, l’auto, l’aéroplane ; mais cela ne sert plus de rien (ces inventions ont été faites une fois la chute déclenchée) ; l’adversaire est tellement plus calme, tellement plus fort ; après la poste, il a inventé le télégraphe, le téléphone, la télégraphie sans fil. Les esprits ne mourront pas de faim, mais nous, nous périrons. »

Franz Kafka, Extrait de Lettres à Milena – Prague, début avril 1922 –

Dans ces scènes d’écriture, il n’est pas surprenant que la figure d’Eurydice soit évoquée. Et avec elle, l’impossible transparence. Eurydice est la Femme qui suit, dans l’ombre, sans qu’on puisse la voir ; il faut toujours la deviner, la chercher du regard mais sans se retourner, sans succomber à l’immédiateté. Une nouvelle fois, encore et toujours, la tragédie : la Lettre nous y conduit fatalement.
Rien de plus honteusement fascinant que la correspondance d’un écrivain. Ce type de lecture procure un plaisir particulier et paradoxal : intellectuel – découvrir obliquement une œuvre – et totalement interdit – satisfaire un certain voyeurisme en découvrant la sphère privée –. Chaque écrivain règle à sa façon la relation réversible, de distance et de proximité, unissant ses Lettres à son œuvre d’une part, à lui-même de l’autre. Observatoire critique, la correspondance rétroagit sur le projet littéraire, aide à le façonner, à le signifier, et constitue une pièce de création stratégique à part entière.
La Lettre est pour Milena ou pour Héloïse, pour Gala ou pour Brenda, ou encore pour une Autre, pas n’importe laquelle, celle qui, même en n’étant pas nommée comme telle, se reconnaît pourtant dans un « toi ».
L’entrée de la jeune traductrice tchèque dans la vie de Franz Kafka est comme un coup de vent frais.
Elle a 24 ans, lui 38.

« C’est un feu vivant, tel que je n’en ai encore jamais vu… En outre extraordinairement fine, courageuse, intelligente, et tout cela, elle le jette dans son sacrifice ou, si on veut, c’est grâce au sacrifice qu’elle l’a acquis. »

« Milena est comme la mer, forte comme la mer avec ses masses d’eau ; quand elle se méprend elle se rue aussi avec la force de la mer, quand l’exige la morte lune, la lointaine lune surtout. »

Ce feu fascine et mine Franz Kafka.
Cette passion, dont les Lettres permettent de suivre le progrès, ne dura qu’un instant, elle tient en quelques mois à peine. Puis leurs Lettres s’espacent, et les Baisers Ecrits s’effacent. Submergé par son angoisse, Kafka condamne Milena à ce qu’elle nommera, dans une Lettre à Max Brod, le « mal d’absence ».
Kafka, lui, cynique envers lui-même comme envers elle, écrit :

« Ce qui fut un lien brûlant est maintenant un mur, une montagne, ou, plus exactement, une tombe. »

Milena Jesenska mourra vingt ans après Kafka, dans le camp de concentration de Ravensbrück.

Que laisserons-nous aux générations futures ?
Des secondes pleines de sensations où nous savons que quelqu’un pense à nous, et va nous l’écrire bientôt.
Des minutes trop courtes pour se dire ce qui pourrait prendre une vie.
Des heures d’attente devant l’ordinateur qui ne voit pas arriver de message.
Des nuits trop longues dans l’envie d’être déjà au lendemain pour ouvrir ses mails.

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20-11-2007
dédié à mes Filleules
Lorena, Maria, Micaela, Raffaella,
Sara, Shirin, Simona et Sonia
SONNET CXVI
William SHAKESPEARE

LET ME NOT THE MARRIAGE OF TRUE MINDS
ADMIT IMPEDIMENTS. LOVE IS NOT LOVE
WICH ALTERS WHEN IT ALTERATION FINDS,
OR BENDS WITH THE REMOVER TO REMOVE:

O NO! IT IS AN EVER-FIXED MARK
THAT LOOKS ON TEMPESTS AND IS NEVER SHAKEN;
IT IS THE STAR TO EVERY WANDERING BARK,
WHOSE WORTH'S UNKNOWN, ALTHOUGH HIS HEIGHT BE TAKEN.

LOVE'S NOT TIME'S FOOL, THOUGH ROSY LIPS AND CHEEKS
WITHIN HIS BENDING SICKLE'S COMPASS COME:
LOVE ALTERS NOT WITH HIS BRIEF HOURS AND WEEKS,
BUT BEARS IT OUT EVEN TO THE EDGE OF DOOM.

IF THIS BE ERROR AND UPON ME PROVED,
I NEVER WRIT, NOR NO MAN EVER LOVED.

-

NE LAISSONS METTRE EMPECHEMENT AUX EPOUSAILLES DES ESPRITS ACCORDES; L'AMOUR N'EST PAS L'AMOUR,
QUI VARIE EN TROUVANT QUE SON OBJET VARIE,
OU RECULE AUSSITOT QUE L'AUTRE A RECULE.

MAIS NON! C'EST UN PHARE ERIGE POUR TOUJOURS,
QUI VOIT LES OURAGANS SANS JAMAIS EN TREMBLER;
IL EST L'ASTRE GUIDANT TOUTE BARQUE EN DERIVE, DONT ON PREND LA HAUTEUR, MAIS EN IGNORANT SA VERTU.

L'AMOUR N'EST PAS JOUET DU TEMPS, MEME SI SOUS SA FAUX
SONT PRETES A TOMBER LES LEVRES ROSES ET LES JOUES;
IL NE VARIE AVEC SES COURTES HEURES OU SEMAINES,
MAIS LES EMPORTE AU SEUIL DU JUGEMENT DERNIER.

SI JE FAUTE EN CECI ET QUE MA VIE LE PROUVE,
NUL N'A JAMAIS AIME ET JE N'AI POIT ECRIT.

-

ALL'UNIONE DI ANIME COSTANTI IO MAI
PORRO' IMPEDIMENTI: L'AMORE NON E' AMORE
SE MUTA QUANDO VEDE MUTAMENTI.
O DA CHI SI RITIRA INCLINA A RITIRARSI.

OH, NO, L'AMORE E' UN FARO SEMPRE FISSO,
CHE SFIDA LE TEMPESTE E MAI NE E' SCOSSO;
E' LA STELLA POLARE DI OGNI BARCA VAGABONDA,
IN SE' IGNOTA PUR SE E' NOTA LA DISTANZA.

L'AMORE NON E' LO ZIMBELLO DEL TEMPO, ANCHE SE ROSEE
LABBRA E GUANCE SOTTO LA SUA FALCE DOVRAN CADERE;
L'AMORE NON MUTA CON I SUOI BREVI GIORNI,
MA RESISTE IMMUTATO FINO ALL'ORA DEL GIUDIZIO.

SE QUESTO E' FALSO E TALE SIA PROVATO,
IO NON HO MAI SCRITTO, NE' MAI NESSUNO HA AMATO.


« Il n’y a rien, dans un écrivain, que son langage : son langage est tout ce qu’il nous donne… »

dit avec force Thierry Maulnier.
Et il ajoute :

« L’acte de l’écrivain n’est pas autre chose que l’acte qui fait choisir tel mot et rejeter tel autre… »

Ecrire, pour un artiste, ce n’est pas coucher des idées sur le papier, ni les ranger dans un certain ordre, c’est très exactement vivre dans et par les mots. A chaque tournant de mon existence, je m’arrête pour, dans un nouveau livre, regarder en arrière, m’orienter, puis reprendre la route.
Marguerite Yourcenar ne s’y est pas trompée :

« On peut suivre toute la vie au tracé de la voix. »

Tout écrivain se peint en creux dans ses livres ; moi, je ne suis pas échappée à la règle. J’ai embrassé en une seule étreinte ma thématique la plus intime et mes secrets les plus enfouis, témoigné avec et à travers moi-même du thème majeur de la littérature, l'Amour, et de sa quête éternelle et impossible.

« Plus je cherche et moins je trouve »,

écrit Saint Augustin,

« Je désire. De là, je n'ai jamais fini de chercher. »

Je sais, « Parler d’Amour » ce n'est plus à la mode. On fait l'Amour, mais on n'en parle pas. Ou alors, c'est avec des ricanements.
Le mot Amour est un terme si galvaudé que pour le comprendre il vaudrait mieux se débarrasser de ce qu’il n’est pas.
C’est un mot qui a été usé et défiguré par son usage.
Les grecs disposaient pour parler de cette chose-là de quatre mots : Philia, Eros, Mania et Agape.
Et il n'est pas inutile de se confronter à une langue morte pour parler de la passion, du désir, et de ce qui, dans l'expérience amoureuse, nous fait mourir et renaître...
Se détacher du passé et s'ouvrir à l'inconnu...
Etre et devenir...
Se quitter, espérer et aimer, encore et toujours.
L’Amour.
Une source, une raison de source, le monde devient fertile, c’est l’émerveillement, le sentiment du miracle et, en même temps, du déjà connu, un retour au Paradis Perdu, la réconciliation du corps et de l’idée, la découverte de notre force et de notre fragilité, l’attachement à la Vie et pourtant l’indifférence à la Mort, une certitude à jamais révélée et cependant mobile, fluide et qu’il faut reconquérir chaque jour.
Pour moi, rien au monde n’est plus beau qu’un couple et quand j’entends dire qu’aimer c’est perdre sa liberté et son intégrité je me demande si nous parlons du même sentiment.
Je ne renonce jamais à un être que j'ai connu.
Nous savons que chacun d’entre nous est Unique, et qu’il y a un lien entre cette unicité et sa valeur, ou le fait d’être précieux, dans la fragilité des vivants d’un jour que nous sommes.
La valeur de la belle personne n’est pas la possession de vertus spéciales, mais l’être même de cette unicité, être secret et à peine entrevu, parfaitement ineffable et capable de susciter tant de mots. De susciter, surtout – et c’est là la seule raison de l’« impossibilité » dont parlait Simone Weil – un besoin qui n’est pas de possession mais d’expression, de parole, de remerciement, de prière et de louange, et même davantage : un besoin de forger, de créer, de faire l’équivalent, mais tout autre, de ce Beau qui nous a coupé le souffle.
A Rome, on regarde rarement le ciel.
Suivre la marche de la lune et des étoiles a toujours signifié pour moi une visite grave et heureuse à l’Univers dont nous faisons partie.
Quand je me séparais de lui, il me donnait rendez-vous dans une étoile et il me semblait voir le fil de notre Amour, ligne lumineuse, flèche de velours, trace de feu, partant de chacun de nous pour se rejoindre dans Orion.
C’est souvent en contemplant le ciel la nuit, que j’ai mesuré le plus intensément et aussi le plus raisonnablement ma joie ou ma peine, pris le mieux conscience du monde, de la place que nous y tenons, de la solitude, de la perfection de l’Amour « …fidèle comme le soleil au jour, comme la tourterelle à son mâle, comme le fer à l’aimant, comme la terre à son centre », disait Troïlus à Cressida.

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15-11-2007
« La violence est père et roi de tout ? »
(Héraclite)


Dans de nombreux rituels, le sacrifice se présente de deux façons opposées, tantôt comme une chose très sainte dont on ne saurait s’abstenir sans négligence grave, tantôt au contraire comme une espèce de crime qu’on ne saurait commettre sans s’exposer à des risques également très graves.
On dit fréquemment la violence irrationnelle.
Elle ne manque pourtant pas de raisons : elle sait même en trouver de fort bonnes quand elle a envie de se déchaîner. Si bonnes, cependant, que soient ces raisons, elles ne méritent jamais qu’on les prenne au sérieux. La violence elle-même va les oublier pour peu que l’objet initialement visé demeure hors de portée et continue à la narguer. La violence inassouvie cherche et finit toujours par trouver une victime de rechange. A la créature qui excitait sa fureur, elle en substitue soudain une autre qui n’a aucun autre titre particulier à s’attirer les foudres du violent, sinon qu’elle est vulnérable et qu’elle passe à sa portée.
Il convient de se demander si le sacrifice rituel n’est pas fondé sur une substitution du même genre, mais en sens inverse. On peut concevoir, par exemple, que l’immolation de victimes animales détourne la violence de certains êtres qu’on cherche à protéger, vers d’autres êtres dont la mort importe moins ou n’importe pas du tout.
Dans certaines cultures, les dieux sont absents ou effacés. Ce sont des ancêtres mythiques ou les morts dans leur ensemble qui remplacent, semble-t-il, toute divinité. Ils passent à la fois pour les fondateurs, leurs gardiens jaloux, et, s’il le faut, les perturbateurs de l’ordre culturel. Quand les transgressions de toutes sortes se répandent, quand les querelles entre proches se multiplient, les morts sont mécontents et ils viennent hanter ou posséder les vivants. Ils leur donnent des cauchemars, des accès de folie, des maladies contagieuses ; ils suscitent, entre parents et voisins, disputes et conflits ; ils provoquent toutes sortes de perversions.
La crise se présente comme perte de différence entre les morts et les vivants, mélange de deux royaumes normalement séparés.
Il est exact de dire que les morts remplacent ici les dieux.
Une seule question se pose :

« Pourquoi les morts peuvent-ils incarner le jeu de la violence au même titre que les dieux ? »
La mort est la pire violence qu’un vivant puisse subir ; elle est donc extrêmement maléfique ; avec la mort, c’est la violence contagieuse qui pénètre dans la communauté et les vivants doivent s’en protéger. Ils isolent le mort, ils font le vide autour de lui ; ils prennent toutes sortes de précautions et surtout ils pratiquent des rites funèbres, analogues à tous les autres rites en ceci qu’ils visent à la purification et à l’expulsion de la violence maléfique.
Quelles que soient les causes et les circonstances de sa mort, celui qui meurt se trouve toujours, face à la communauté tout entière, dans un rapport analogue à celui de la victime émissaire. A la tristesse des survivants se mêle un curieux mélange d’effroi et de réconfort propice aux résolutions de bonne conduite. La mort de l’isolé apparaît vaguement comme un tribut qu’il faut payer pour que la vie collective puisse continuer.
Un seul être mort et la solidarité de tous les vivants se trouve renforcée.
La victime émissaire meurt, semble-t-il, pour que la communauté, menacée tout entière de mourir avec elle, renaisse à la fécondité d’un ordre culturel nouveau ou renouvelé. Après avoir semé partout les germes de mort, le dieu, l’ancêtre ou le héros mythique, en mourant eux-mêmes ou en faisant mourir la victime choisie par eux, apportent aux hommes une nouvelle vie.
Comment s’étonner si la mort, en dernière analyse, est perçue comme sœur aînée, sinon même comme source et mère de toute vie ?
Les hommes n’adorent pas la violence en tant que telle : ils ne pratiquent pas le « culte de la violence », ils adorent la « violence » en tant qu’elle leur confère la « seule Paix » dont ils jouissent jamais. A travers la « violence » qui les terrifie c’est donc la « non-violence » que vise toujours l’adoration des fidèles. La « non-violence » apparaît comme un don gratuit de la « violence » et cette apparence n’est pas sans raisons puisque les hommes ne sont jamais capables de se réconcilier qu’aux dépens d’un tiers.
Ce que les hommes peuvent faire de mieux dans l’ordre de la « non-violence », c’est l’unanimité moins « un » de la victime émissaire.
Tout rituel religieux sort de la victime émissaire et les grandes institutions humaines, religieuses et profanes, sortent du rite. On l’a constaté à propos du Pouvoir politique, du Pouvoir judiciaire, de l’Art de guérir, du Théâtre, de la Philosophie, de l’Anthropologie aussi.
Il n’est pas de Société qui ne se croie la seule à émerger du sacré.
C’est bien pourquoi les autres hommes ne sont jamais tout à fait des hommes. Nous n’échappons pas à la loi commune, à la méconnaissance commune.
Et nous n’échappons pas au cercle.
La tendance à effacer le sacré, à l’éliminer entièrement prépare le retour subreptice du sacré, sous la forme de la violence et du savoir de la violence.
La pensée qui s’éloigne indéfiniment de l’origine violente s’en rapproche à nouveau mais à son insu car cette pensée n’a jamais conscience de changer de direction.

Durant tous ces jours j'ai gardé un silence respectueux mais mon coeur et mes pensées on été toujours là jour et nuit.
Inserire testo
« Dans les temps anciens, la race hellénique se distinguait des Barbares par un esprit plus prompt et plus dégagé de toute absurdité. »

Hérodote


On a cru longtemps que les Mythologies grecque et romaine reflétaient les sentiments et les idées de la race humaine en des temps immémoriaux. Selon cette théorie, nous pourrions – par le truchement de ces récits – suivre la trace qui remonte de l’Homme civilisé, si éloigné de la nature, jusqu’au primitif qui vivait en étroite communion avec elle ; et l’intérêt de ses mythes tiendrait à ce qu’il nous reportent à un âge où le monde était jeune, où ses habitants entretenaient avec la terre, avec les arbres, les mers, les fleurs et les montagnes des relations dont nous ne connaîtrons jamais l’équivalent. Il nous est donné à entendre qu’au moment où ces récits légendaires prirent forme, il existait fort peu de distinction encore entre le réel et le fantastique. L’imagination était vivement éveillée et la raison ne la contrôlait pas ; ainsi était-il loisible à quiconque se promener dans un bois d’y voir une Nymphe fuyant à travers les arbres, et s’il se penchait pour boire sur une source limpide, d’y apercevoir le visage d’une Naïade.
La perspective d’un voyage de retour vers ces ravissements se présente à tous ou presque tous les écrivains qui se proposent d’aborder la Mythologie, et surtout aux poètes.
Dans ces temps infiniment reculés, l’Homme primitif pouvait :

Voir Protée se levant sur la mer
Ou le vieux Triton soufflant dans sa trompe en forme de conque.

et à travers les Mythes qu’il nous a laissés, nous pourrions nous-mêmes, pendant un bref instant, entrevoir ce monde animé d’une vie étrange et belle.
Mais un très rapide examen des coutumes des peuples non civilisés, de tous lieux et de toutes époques, suffit à dissimuler cette illusion romantique.
Aucun fait n’apparaît plus clairement : l’Homme primitif n’est pas et n’a jamais été enclin à peupler son Univers de ces fantaisies plaisantes. C’est l’horreur qui se tapit dans la forêt vierge, et non la Nymphe ou la Naïade ; la terreur y vit, avec son escorte obligée : la Magie, et son palliatif le plus fréquent : le Sacrifice Humain. L’espoir d’échapper à la fureur des divinités repose, pour l’Humanité primitive, dans certains rites dépourvus de logique mais impressionnants, ou dans quelque offrande, dont la souffrance qui l’accompagne fait tout le prix.

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Inserire testo
A map of the world that does not include Utopia is not worth even glancing at.

Une carte du monde qui n’inclurait pas l’Utopie n’est pas digne d’un regard.

Eine Landkarte, auf der Utopia nicht zu finden ist, verdient keinen Blick.

Una carta del mondo che non contiene il Paese dell'Utopia non è degna nemmeno di uno sguardo.

Um mapa do mundo em que não aparece o país Utopia não merece ser guardado.

(Oscar Wilde)

Les utopies apparaissent comme bien plus réalisables qu’on ne le croyait autrefois. Et nous nous trouvons actuellement devant une question bien autrement angoissante: comment éviter leur réalisation définitive?
L’homme n’est homme que dans le mouvement qui le porte vers lui-même. « Utopie » rappelle aux hommes que le lieu parfait n’existe pas dans l’histoire, qu’il est ailleurs, irréductible à toutes les cités humaines, mais inconcevable en dehors d’elles, comme irréductible à tout autre est le lieu d’intériorité où les hommes s’affranchissent de leurs certitudes, s’indignent de leurs défaillances, renoncent au mirage du meilleur des mondes pour concevoir le projet d’un monde meilleur.

Le genoux ne me fait mal que lorsque j’essaie de marcher.
Allongée, je n’éprouve aucune douleur.
Je reste donc au lit et je rêve les yeux ouverts.
Mon enfance se détache de plus en plus clairement dans ma mémoire, comme si les années s’accumulaient sur toutes les autres époques de ma vie, en n’épargnant que le commencement.
Tout est net au lointain.
J’avais l’initiative des évasions, les après-midi d’été quand tout le monde reposait dans la maison, les volets clos, enfouis dans la profonde fraîcheur des chambres. On m’obligeait à me coucher ou, au moins, à passer deux heures allongée, les jours de canicule. Moi, je faisais semblant de dormir et quand tout bruit avait cessé, je sortais par la fenêtre, en invitant Adèle à me suivre. Pieds nus, pour ne pas nous faire entendre, nous traversions en grimaçant de douleur la cour pavée dont les pierres chauffaient à blanc sous le soleil. Nous entrions dans le verger, par une porte en bois, qu’on ouvrait avec mille précautions car elle grinçait à vous casser les oreilles et pénétrions dans le royaume interdit. Le verger bruissait d’insectes et d’effluves, on le voyait mûrir presque et s’épandre au soleil comme un pain à la chaleur du four.
La première tentation était le figuier, tout au fond du verger où en grimpant sur les branches lisses nous faisions fuir les lézards. Nous choisissions toujours les figues larmoyantes, déjà piquées par la langue des lézards, et dont le jus formait en coulant une larme claire au bout inférieur du fruit. La douceur chaude me remplissait la bouche et toute ma vie se concentrait dans cette sensation de bonheur, de paix, de satisfaction suprême que j’allais retrouver plus tard dans l’Amour.
Nous abandonnions vite le figuier, car ses feuilles rares laissaient passer le soleil qui nous mordait la nuque. Nous passions donc, les paumes chargées de figues, sous les voûtes fraîches de la vigne, nous prenions les grappes mûres en les détachant d’un coup sec et précis, là où la tige formait une enflure, comme un nœud fragile, nous nous asseyions dans l’herbe pour croquer à l’aise, entre les dents, les grains savoureux.
Deux grains de raisins et une figue.
C’était la règle.
Puis deux figues et quatre grains, et ainsi de suite.
C’était un festin en proportion géométrique.
Nous n’en pouvions plus.
Le ventre pesait sur mon corps comme un poids qui ne m’appartenait pas.
Les cigales, ivres de chaleur, faisaient vibrer l’air élastique.
Nous parlions garçons, poésie, j’éblouissais mon Amie de mes connaissances.
Je trouvais des rimes à tout et j’inventais des histoires.
Elle admirait mes poésies et savait que j’aurais été l’une de celles qui, tôt ou tard, auraient choisi le chemin de la liberté. Elle ne me l’a jamais dit, mais je n’avais pas de peine à le lire dans son cœur.
Elle n’a pas changé.
La vie éternelle ne laisse pas de traces sur les visages !
Ces deux heures paraissaient sans fin, tant elles coulaient lentement, sous le temps de l’enfance.
Nous sautions la palissade, au fond du verger et nous nous trouvions sur une place, peu fréquentée, déserte à cette heure, où poussait l’herbe parmi les pierres du pavé.
C. dormait dans le grande silence, bercée par le chant des cigales.
Nous étions les seuls êtres vivants au milieu d’un village qui nous appartenait.
L’enfance nous pesait comme une honte. Le temps qui nous séparait encore de l’âge des adultes nous semblait immense et insupportable.
J’avais envie de pleurer, de rage et de désir.
Pythagore disait que la vie est divisée en quatre périodes :

« L’enfance, jusqu’à vingt ans ; l’adolescence, de vingt à quarante ans ; la jeunesse, de quarante à soixante ; et la vieillesse, de soixante à quatre-vingts. »

J’ai perdu ma jeunesse à vingt ans, au moment où, selon lui, elle ne fait que commencer.

Le soleil est encore haut dans le ciel.
Et moi, je sens la même ferveur, la même audace qu’un jeune général avant sa première bataille.

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19-10-2007
Je défendrai Mes opinions jusqu'à Ma mort, mais
Je donnerai Ma vie pour que Vous puissiez défendre les Vôtres.

Francois-Marie Arouet, nom de plume VOLTAIRE




Dans l’Antiquité, un philosophe n’est pas nécessairement, comme on a trop tendance à le penser, un théoricien de la philosophie. Un philosophe, dans l’Antiquité, c’est quelqu’un qui vive en philosophie, qui mène une vie philosophique. Caton le jeune, homme d’Etat du I siècle av. J. C., est un philosophe stoïcien et pourtant il n’a rédigé aucun écrit philosophique. Rogatius, homme d’Etat du III siècle ap. J. C., est un philosophe platonicien, disciple de Plotin, et pourtant il n’a rédigé aucun écrit philosophique. Mais tous deux se considéraient eux-mêmes comme des philosophes, parce qu’ils avaient adopté le mode de vie philosophique.
Et que l’on ne dise pas que c’étaient des philosophes amateurs. Aux yeux des Maîtres de la philosophie antique, le philosophe authentique n’est pas celui qui disserte sur les théories et commente les auteurs.
Comme le dit Epitècte :

« Mange comme un homme, bois comme un homme, habille-toi, marie-toi, aie des enfants, mène une vie de citoyen… Montre-nous cela, pour que nous sachions si tu as appris véritablement quelque chose des philosophes. »

Le philosophe antique n’a donc pas besoin d’écrire. Et, s’il écrit, il n’est pas nécessaire non plus qu’il invente une théorie nouvelle, ou qu’il développe telle ou telle partie d’un système. Il lui suffit de formuler les principes fondamentaux de l’école en faveur de laquelle il a fait un choix de vie.

« Ma petite D, « la philosophie te fournira le fond, la rhétorique, la forme de ton discours » (Fronton). »

me répétait mon Père.
Mon père n’a jamais été pour moi la personnification du pouvoir, de la force et de l’autorité. C’est pour cela que je l’aimais. Le calcul différentiel et intégral n’a jamais semblé convenir à sa personnalité. Mais peut-être étais-je victime du vieux préjugé selon lequel les mathématiques sont une science aride et le mathématicien un homme d’une autre espèce. Je n’arrivais absolument pas à comprendre comment cet homme ardent et timide pouvait avoir le moindre point commun avec les théorèmes de Pythagore ou avec le binôme de Newton. Tout cela ne m’intéressait pas à cette époque. Il aimait trouver en moi les qualités féminines et n’essayait jamais de les rabaisser ni de les ignorer.
J’aimais sa perplexité devant mon indépendance précoce.
Je n’ai pas eu à me libérer des suites d’une éducation bourgeoise comme Louis Aragon ou Jean-Paul Sartre. J’ai grandi en France à une époque où l’on savait que le vieux monde allait, de toute façon, à sa perte. Personne ne défendait sérieusement les anciens principes, du moins pas dans mon milieu. La contestation était l’air que nous respirions, elle a nourri mes premières vraies émotions. Beaucoup plus tard seulement, à l’age de vingt ans, j’ai su que j’appartenais de par ma naissance à la bourgeoisie. Je ne me sens absolument pas liée à elle. En tant que classe social, elle a toujours éveillé en moi cependant plus de curiosité et d’intérêt que les débris de l’aristocratie et au moins autant que la classe ouvrière. Mais c’est de l’Intelligentsia, déclassée ou non, que je me sens la plus proche. Me sont étrangers, par contre, ceux qui détiennent le pouvoir, les dictateurs, les triumvirs, les hommes à qui on rend un culte, ceux qui y aspirent, les rois de tout poil. A ces dinosaures, je préfère encore les requins, au sens propre et figuré.
Ce qui m’intéresse, ce n’est pas la dimension horizontale de notre existence, les préoccupations de la vie quotidienne auxquelles nous sommes tous confrontés, mais sa dimension verticale, intellectuelle. Peu de gens y accédaient autrefois et de ce fait en avaient mauvaise conscience. A présent, ce n’est plus le cas : il suffit de vouloir lire, réfléchir et savoir. Comme l’a dit Karl Jaspers, point n’est besoin d’apprendre à éternuer ou à tousser, mais la raison, elle, se cultive, car ce n’est pas une simple fonction organique.
Etre philosophe, ce n’est pas avoir reçu une formation philosophique théorique, ou être professeur de philosophie, c’est, après une conversion qui opère un changement radical de vie, professer un mode de vie différent de celui des autres hommes. On considère souvent les conversions comme des événements qui se produisent instantanément dans des circonstances inattendues. Et l’histoire abonde en anecdotes de ce genre : Polémon entrant par hasard, après une nuit de débauche, au cours du philosophie platonicien Xénocrate, Augustin entendant la voix d’un enfant disant « Prends et lis », Saül terrassé à Damas.
Entre parenthèses, il ne serait pas du tout intéressant de connaître, dans tous ses détails, la manière dont s’est déroulée ma conversion à la philosophie.
Bien de points restent encore inconnus pour moi-même.
Pourtant, douée d'une extraordinaire faculté d'imagination qui me faisait embrasser et comprendre ce que mes yeux ne pouvaient me montrer, dès mon enfance j’ai entrevu ce que pouvait être l’idéal d’une vie philosophique.
L'imagination, cette "magie sympathique" aide à comprendre les arguments d'un interlocuteur, à ressentir la souffrance de l'Autre, quelque soit cet Autre.
Cette faculté « à se transporter en pensée à l'intérieur de Quelqu'un » amène bien sûr à s'ouvrir à d'Autres idées, à vivre d'Autres expériences. JE NE RENONCE JAMAIS À UN ETRE QUE J’AI CONNU,
ET ASSUREMENT PAS A MES PERSONNAGES.
Je les vois, je les entends, avec une netteté que je dirais hallucinatoire si l'hallucination n'était autre chose, une prise de possession involontaire.
C'est ce que les sages hindous appellent l'attention.
Nul doute que cette attention, cette propension à se mettre à la place de l'Autre en faisant abstraction de soi, a joué un rôle de première importance dans ma grande ouverture d'esprit face aux Athéismes comme aux Religions, aux Politiques comme aux Philosophies.
Très peu d'adultes se laissent habiter par des Etres en leur donnant autant d'importance qu'ils s'en donnent à eux-mêmes. Cette magnifique façon d'appréhender le monde de l'intérieur, à l'instinct, est le propre des enfants.
Si les adultes s'en souvenaient, ils éviteraient de proférer certaines stupidités : éviteraient bien de stupidités !

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11-10-2007
Dans ses entretiens avec Mathieu Galey, Marguerite Yourcenar a longuement développé les raisons qui l’ont conduite à se centrer sur la figure d’Hadrien. Depuis le temps lointain de ses visites à Villa Adriana, elle avait eu l’intuition de rencontrer un génie politique : novateur sans démagogie, législateur avec souplesse, conservateur et visionnaire. En outre, l’helléniste qui traduisait les poètes grecs aimait l’idée qu’il fut le relais dans tout l’Empire romain de la pensée et de l’art grecs, qu’il portât la barbe selon l’usage des Athéniens et qu’il eût reçu les surnoms prestigieux d’Ionien et de Philhellène. L’Hadrien de Marguerite Yourcenar, conformément à l’Histoire, est un rénovateur des monuments et des cultes archaïques et, avec une toute particulière ferveur, se consacre à redonner vie aux lieux sacrés de la Grèce archaïque. Il reconstruit l’admirable coupole du Panthéon romain d’Agrippa sur le modèle architectural « de la vieille Etrurie des divins et des haruspices ». Pour son Mausolée sur le Tibre, il « reproduit à une échelle gigantesque les antiques tombes de la Voie Appienne » et, à la Villa, s’inspire pour le Mémorial d’Antinoüs de l’Egypte funéraire.
L’histoire nous apprend que le panhellénisme d’Hadrien procédait d’une volonté politique de résister à la contagion, menaçante pour l’unité de l’Empire, des croyances et des cultes étrangers à la civilisation gréco-romaine. Rien de tel chez l’Hadrien de Marguerite Yourcenar, bien au contraire : la volonté politique de restaurer le monde grec archaïque est la manifestation publique et superficielle d’une curiosité toute personnelle pour les origines magiques de l’homme. Au reste, loin d’être arrêtée par les croyances et les pratiques étrangères, cette curiosité s’élançant, comme on le disait plus haut, sur les confins de l’Empire romain et au-delà même de ses frontières, trouve dans les représentations rituelles et imaginaires de chacun de ces peuples la réponse à sa quête personnelle.
C’est ainsi que dans un vaste syncrétisme, Hadrien intègre à sa culture hellénique les sorcelleries nordiques, les sanglants tauroboles du culte de Mithra, les rites sauvages dédiés en Thrace à Orphée et les commémorations osiriennes sur le Nil.
En ce qui concerne l'interprétation des images, c'est Hadrien, en tant que narrateur, qui révèle ce lien avec la statuaire et qui précise le rôle à lui conférer, paroles qu'on peut aisément reporter sur leur auteur :

"…Sitôt qu'il (Antinoüs) compta dans ma vie, l'art cessa d'être un luxe, devint une ressource, une forme de secours. (…) J'eus d'abord à cœur de faire enregistrer par la statuaire la beauté successive d'une forme qui change; l'art devint ensuite une sorte d'opération magique capable d'évoquer un visage perdu. Les effigies colossales semblaient un moyen d'exprimer ces vraies proportions que l'amour donne aux êtres; ces images, je les voulais énormes comme une figure vue de tout près, hautes et solennelles comme les visions et les apparitions du cauchemar, pesantes comme l'est resté ce souvenir. Je réclamais un fini parfait, une perfection pure, ce dieu qu'est pour ceux qui l'ont aimé tout être mort à vingt ans, et aussi la ressemblance exacte, la présence familière, chaque irrégularité d'un visage plus chère que la beauté. Que de discussions pour maintenir la ligne épaisse d'un sourcil, la rondeur un peu tuméfiée d'une lèvre… Je comptais désespérément sur l'éternité de la pierre, la fidélité du bronze, pour perpétuer un corps périssable, ou déjà détruit, mais j'insistais aussi pour que le marbre, oint chaque jour d'un mélange d'huile et d'acides, prît le poli et presque le moelleux d'une chair jeune..."
(Marguerite Yourcenar, Mémoires d’Hadrien).

La méthode de Marguerite Yourcenar n'est guère différente de celle de son personnage qui remonte « tant bien que mal des contours immobilisés à la forme vivante, du marbre dur, à la chair. »
Mais si pour le second la recréation est tactile, pour la première, elle se situe au niveau de l'esprit et passe par l'écriture.
Pour les deux, toutefois, la statuaire est une trace de l'existence et une manière de faire échec au temps.

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07-10-2007
Qu'y a-t-il en un nom ?
Ce que nous nommons rose, sous un autre nom, sentirait aussi bon.

What's in a name ?
That which we call a rose, by any other name would smell as sweet.

Shakespeare, Romeo and Juliet



La Poésie c’est un défi à l’indicible, au non-dit qui jaillit du profond de l'âme humaine et pour cela elle prend une dimension collective.
On dit que la Poésie imite la Nature.
Les femmes ont toujours eu un passé dur à oublier et un silence difficile à vivre mais, au fil du temps, une sorte de lien s’est tissé entre elles et la Nature, comme espace narratif pour excellence : un jardin secret où naissent les fleurs de l’espoir, celui que chantait Djalal od-din Roumi :
DINRUMI
LE COEUR EST UN JARDIN SECRET OU SE CACHENT DES ARBRES
IL MANIFESTE CENT FORMES, MAIS IL N'A QU'UNE SEULE FORME.
C'EST UN OCEAN IMMENSE, SANS LIMITE ET SANS RIVES
CENT VAGUES S'Y BRISENT: LES VAGUES DE CHAQUE AME.

IL EST BON DE FRANCHIR CHAQUE JOUR UNE ETAPE
COMME L'EAU VIVE QUI NE STAGNE PAS.
HIER S'EST ENFUI, L'HISTOIRE D'HIER ELLE EST AUSSI PASSE
IL CONVIENT AUJOURD'HUI DE CONTER UNE HISTOIRE NOUVELLE.

L'EAU QUI COULE N'EST PAS LASSE DES POISSONS
ET LE POISSON N'EST PAS LAS DE CETTE EAU QUI COULE.
NI L'AME NI LE MONDE NE SONT LAS DES AMOUREUX
NI L'AMOUR N'EST LAS DE L'AME DU MONDE.

JE DIS: "IL EST MAINTENANT TRES TARD, O MA LUNE!"
ELLE DIT: "COMMENT LA LUNE PEUT-ELLE ETRE TARDIVE?
UNE LUNE QUI SE DETOURNE DU SOLEIL
AUSSITOT DEVIENT PAREILLE A LA NUIT SOMBRE."

« Princesse Firouzeh » est né de l'envie de faire connaître mes écrits. Mais créer un site Internet uniquement pour diffuser mes ouvrages m’est vite apparu d’un intérêt limité car il existe déjà de nombreux sites personnels littéraires. Aussi il m’a paru juste et urgent traduire et présenter dans « Princesse Firouzeh » une petite anthologie de poésie féminine, si peu mise en relief voire quasiment passée sous silence, réhabilitante les femmes poètes.
Les femmes poètes ont toujours eu une étonnante faculté de percevoir les plus subtiles vibrations de l'âme et de savoir les exprimer de manière sublime, ce qui a fait dire à Montherlant :

« Les hommes ne sentent pas avec la même vivacité que les femmes. »

Je vous souhaite un beau voyage à travers les mots, mots d’hier et d’aujourd’hui, mots sans temps et sans espace qui portent en eux votre histoire et vous emmènent loin, très loin, très très loin…

Si Zeus voulait donner une reine aux fleurs, la rose règnerait sur toutes les fleurs.

Sappho

Dolce come l’amore non vi è nulla
Ogni altra felicità viene dopo: perfino
Il miele la mia bocca rifiuta.
Questo dice Nosside
Solo chi non ha avuto i baci
Di Cipride non sa che fiori sono le rose.
Nosside

LA ROSA
Rosa,
Rosa,
Rosa,
Mi condusse nel roseto
E, nel buio, una rosa pose tra i miei indocili capelli.
Poi,
Sul petalo di una rosa si coricò con me.
O colombi selvatici, o sterili alberi inesperti, o finestre cieche,
Sotto il mio cuore e nelle mie viscere, ora
Sta crescendo una rosa,
Una rosa
Rossa
Come un vessillo,
Nel giorno della Resurrezione
Oh! Io sono incinta, incinta, incinta.

Boy-Madness


I have brought you a bouquet,
Scarlet-red roses, poppies.
I'm not same in anything,
I'm the happy boy-madness.

I'll blow out a yellow candle -
It will be a flashlight pink.
And a golden diadem
I will wear like a king.

I'm a conqueror sleepy
Kingdoms, a mage. Is't full, King?
I'm a doctor that is healing
Without pills or medicines.

Why the medicines? Why pills too?
We will dance together, kid!
Now flies mounted on a chair
A completely empty bed.

Where he's from - it is my secret:
Serpent, red, will weave and hiss.
I am laughing, all are laughing.
I'm the happy boy-madness.

Marina Tsvetaeva


ROSE DIVINE...

ROSE DIVINE, QUI EN AIMABLE FINESSE
ES DANS TON PARFUM SUBTIL
MAGISTERE POURPRE DE LA BEAUTE
ET NEIGEUX ENSEIGNEMENT DE LA GRACE;
MENACE POUR L'HUMAINE ARCHITECTURE,
EXEMPLE DE TOUTE GRACE VAINE,
DANS L'ETRE DE LAQUELLE LA NATURE UNIT
JOYEUX BERCEAU ET TRISTE SEPULTURE;
COMBIEN HAUTAINE EN TA POMPE, PRESOMPTUEUSE,
SUPERBE, LE RISQUE DE MOURIR TU DEDAIGNES,
PUIS DEFAILLANTE ET CRAINTIVE
DE TA FRAGILE VIE DONNES DE MORNES SIGNES!
AINSI, PAR DOCTE MORT ET SOTTE VIE,
VIVANTE TU NOUS TROMPES, MOURANTE NOUS ENSEIGNES.

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01-10-2007
dédié à Dario
né le 23 septembre 2007
Inserire testo
25-09-2007
Eh, bien !
J'avoue avec honte : j'ai regardé « Love Story » et je m'en mort encore les doigts.

Le cœur, c’est le centre psychologique et physiologique de l’être.
C’est le cœur qui nous permet d’aimer à la manière d’un enfant, pleinement, sans réserve d’aucune sorte, sans nuances de sarcasme ou de mépris.
L’amour n’est pas un flirt, ni une poursuite pour le pur plaisir de l’ego, mais un lien visible, constitué par le nerf psychique de l’endurance, une union qui perdure de périodes d’abondance en temps d’austérité, de nuits limpides en jours difficiles.
Il faut d’abord découvrir l’autre comme une sorte de trésor spirituel, même si l’on n’en prend pas conscience sur-le-champ. Viennent ensuite, dans la plupart des rapports amoureux, la poursuite et l’esquive, période d’espoir et de crainte pour tous les deux. Suit une période de partage des rêves futurs et des peurs passées, ce qui correspond au début de la guérison des blessures archaïques en matière d’amour. A ce stade des rapports amoureux, l’amant retourne à un état d’innocence dans lequel les éléments émotionnels continuent à le remplir de crainte, et les souhaits, les espoirs et les rêves à l’envahir.
Il ne faut pas confondre innocence et naïveté.
Un vieil adage dit :
« L’ignorance, c’est quand on ne connaît rien et qu’on est attiré par le bien. L’innocence, c’est quand on sait tout et qu’on est toujours attiré par le bien. »
On parvient à cet état de sagesse innocente en abandonnant tout cynisme, toute autoprotection et en retrouvant l’émerveillement qui est celui de la plupart des êtres humains dans leur très jeune ou très grand âge. Il faut porter sur le monde le regard d’un esprit empli d’amour, d’un esprit connaissant, et non celui d’un chien battu, d’un être pourchassé, d’un humain blessé et furieux.
L’innocence se régénère dans notre rêve. Malheureusement, la plupart des gens la rejettent en se levant le matin, en même temps que la couverture. Il vaudrait mieux la garder avec nous, pour qu’elle nous tienne chaud.
Etre innocent, c’est se révéler capable de voir exactement ce qui ne va pas et d’y remédier. Etre innocent, c’est éviter de faire du mal aux autres, tout en ayant la capacité de soigner les autres et soi-même.
Lorsque des amants parviennent à cet état, ils s’abandonnent aux forces qu’ils ont en eux et qui possèdent la foi, la confiance, le pouvoir de l’innocence. L’amant a confiance, il sait que les tâches de son âme vont être accomplies en lui, que tout sera comme il se doit.
Il dort sans méfiance, du sommeil du sage.
En rêvant, ses cicatrices sont effacées, aucun souvenir de ce qu’il était hier ne demeure.
Il existe une juste méfiance, qui naît de l’approche du danger et une méfiance injustifiée, car consécutive à des blessures antérieures. Cette dernière conduit les hommes à agir avec indifférence et susceptibilité, alors qu’ils voudraient se montrer concernés et chaleureux.
Ceux qui craignent d’être « menés en bateau » ou « pris au piège » - ou qui réclament à grands cris « leur liberté » - laissent l’or leur filer entre les doigts.

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23-09-2007
J’avais dix ans lorsque j’eus l’occasion d’avoir un avant-goût de l’Europe. J’ai gardé en mémoire des fragments de journées et de nuits, des images de mes hôtels, l’animation des rues, différente de celle que je connaissais et une impression globale de choses anciennes et luxueuses. Tout cela faisait un monde situé aux antipodes de l’Italie.
Je vis Monaco, Genève, Heidelberg, Londres, qui est resté jusqu’à ce jour pour moi une ville étrangère, et, enfin, la capitale de ma destinée : Paris. Je ne réussis à attraper au vol que des impressions rapides de ce qui deviendrait plus tard une partie intégrante de ma vie. Certains moments de ce voyage, cependant, laissaient présager l’avenir.
« Profites-en bien !
Qui sait si tu reviendras encore une fois ici dans ta vie.
Regarde !
Admire !
C’est Paris ! »
me disais-je.
Mais je suis revenue et j’y ai passé plusieurs années, les meilleures de ma vie.
Je profitai de la visite à l’Opéra Garnier pour relire « Le Fantôme de l’Opéra » de Gaston Leroux. Et, par magie, je rentrai dans le roman corps et âme. Tout en haut des escaliers, l'espace d'un instant, il me sembla que les personnages allaient apparaître. Que dire de plus mis à part que je tombai amoureuse de ce roman.
Mais en était-il vraiment un ?
Envoûtant !
Le rejet social, l'amour et la solitude ce sont les thèmes évoqués.
Exilé, rejeté par le seul milieu qu'il connaît, le Fantôme est un personnage romantique à l'âme sensible qui consacre sa vie à la musique. Un amour sans espoir le pousse à hanter les ombres d'un monde qu'il s'est lui-même créé.
Malgré une présentation un peu indigeste au début de l'œuvre, le lecteur est très vite aspiré par l'histoire.
La première description du fantôme plante en quelque sorte le décor :
"Il est d'une prodigieuse maigreur et son habit noir flotte sur une charpente squelettique. Ses yeux sont si profonds qu'on n'y distingue pas bien les prunelles immobiles. On ne voit, en somme, que deux grands trous noirs comme aux crânes des morts. Sa peau, qui est tendue sur l'ossature comme une peau de tambour, n'est point blanche, mais jaune ; son nez est si peu de choses qu'il est invisible de profil, et c'est l'absence de ce nez qui est horrible à voir. Trois ou quatre longues mèches brunes sur le front et derrière les oreilles font office de chevelure".

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17-09-2007
La beauté des choses existe dans l’esprit de celui qui les contemple.
Ce n’est pas ce qui est beau qu’on aime; c’est ce qu’on aime qui est beau.
Qui ne connaît pas la drôle et attendrissante fable de Madame Jeanne-Marie Leprince de Beaumont : « La Belle et la Bête » ?
Qui ne se reconnaît pas dans cette Bête qui exprime la souffrance et le repli d’un être peu semblable aux autres ?
Qui ne se reconnaît pas dans cette Belle qui ne se reconnaît pas dans ses semblables et qui apprend peu à peu à mieux connaître la Bête et à mieux l’aimer ?
Une merveilleuse histoire d'amour entre deux êtres que tout sépare et qui vont pourtant s'éprendre l'un de l'autre au delà des lois et des préjugés.
Nous avons tous un peu de lui, un peu d’elle.
Il faut croire aux rêves !
Je peux relire La Belle et la Bête un nombre considérable de fois sans m’en lasser. Emerveillée par l’histoire quand j’étais enfant, j’ai médité plus tard sur cette histoire d’amour :
« Est-il sûr que la Belle fût contente de la métamorphose ultime de la Bête qui abandonne sa gangue d’être de douleur pour redevenir un prince pâle et falot ? »
Les Medias ont essayé de nous inculquer les canons de la beauté selon l'idéal occidental.
On nous dit bien: "La beauté est dans le regard de celui qui regarde."
Ces critères disqualifient presque totalement la population mondiale.
La véritable beauté vient du coeur et il ne faut jamais juger quelqu'un sur ses apparences.
La beauté est ce que Maman Elsa a vu dans son mari jusqu’à sa mort.
C'est ce que je vois dans les gens que j'aime.
C'est ce que j'apprends à voir, chaque fois que je me regarde dans un miroir.
Après des années de luttes internes, j'en suis finalement arrivée au point de m'aimer pour qui et comment je suis.
Et oui, c'est beau !
Stendhal avait donc raison, la beauté est bien une promesse de bonheur.
Bien, c'est vraiment tout ce que j'avais à dire.

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13-09-2007
Des moineaux sont trompés par de rouges cerises peintes.
Qu’est-ce qui les a attirés?
Ces cerises étaient-elles plus vraies que nature?
C’est bien là la question: plus vrai que nature!
Comment rendre la nature encore plus vraie?
En recherchant son essence première, peut-être.
Et cette quête s’est de suite traduite par une investigation scientifique du beau et de l’harmonieux.
L’harmonie est-elle d’emblée contenue dans la Nature?
Est-ce une constante de ce qu’elle nous offre à voir ou est-ce nous qui y lisons un effet fortuit?
Retoucher ce qui nous est donné, chercher du beau est peut-être une guise de copier la nature, nous croyons dégager sa structure.
C’est cette recherche cupide de la beauté et de l’harmonie qui mène les Grecs à définir ce qui sera appelé plus tard le nombre d’or.
Pour Pythagore tout est nombre et les rapports entre les nombres entiers, ainsi que leurs rapports, régissent la Nature entière. La musique est alors quantifiée. Les sons sont ramenés à des relations entre nombres et de ces relations naît le premier postulat de la musique : octave, tierce, quinte. Les notes sont avant tout des nombres. Dans les arts visuels, cette même idée se formalise dans la quête de la proportion idéale, qui pourrait être universelle. Si les Grecs sont les premiers à la formaliser en l’associant à l’autre grande idée universelle, celle de nombre, toutes les autres cultures tenteront de répondre à la question centrale de la définition du « beau ».
" Ars sine scientia nihil est ", affirmait Jean Mignot.
Et, en effet l'art n'est rien sans le savoir et particulièrement le savoir scientifique. L'artiste est à la fois un artisan et un technicien.
Certes, le nombre d'or semble être très présent dans la nature mais qu'a-t-il à voir avec l'esthétique ?
Les critères de beauté peuvent-ils se résumer à quelques proportions ?
Une statue ou un tableau sont des matières, des couleurs, des agencements et l'appât des spectateurs pour eux a probablement d'autres explications que l'existence prouvée ou non de relations géométriques.
C’est tout.

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Inserire testo
Y a-t-il un Temps féminin ?
Y a-t-il une Poésie féminine ?
Sans remonter le cours de ce que Luce Irigaray appelle « le mystère oublié des généalogies féminines » je parlerai de Forough Farrokhzad, dont la vie témoigne d’une liberté qui ne cesse d’inspirer des générations de femmes. Peu d’œuvres, à part celle de Sappho, ont su nous transmettre un regard sur le monde féminin.
Révolutionnaire en politique, Forough Farrokhzad ne l’est pas moins en littérature, où elle se proclame l’adepte de Nima Yusshij et dénonce les idoles qui servent d’alibi, à ses yeux, à l’embourgeoisement des âmes et à l’asservissement de l’art.
Certes, la nouveauté de Forough par rapport à ce que l’on appelle, de manière toujours un peu vague, la tradition est un fait acquis, mais il ne faut pas oublier que l’apport de ce ton et de ce regard nouveaux, loin de signifier la rupture avec une tradition dépassée, visait à revivifier un style perdu, une écriture qui préférait l’économie des moyens et la concision fulgurante à la rhétorique verbeuse et au pathos de bons sentiments. Il est vrai qu’une certaine poésie moderne naît avec Forough, mais quand on parle de la modernité de Forough, il s’agit de s’entendre sur le sens exact des mots. Forough a mis en œuvre son étonnant génie de synthèse non pour patauger dans les eaux tièdes du juste milieu, mais pour aiguiser ses propres contradictions.
Forough reste vivante, non parce que ses poèmes sont de morceaux de choix et de proie pour les auteurs d’anthologies et de manuels universitaires, mais parce que, contrairement à la plupart de ses contemporains, elle n’a pas triché, elle n’a pas manqué ses déchirements, ses doutes, ses petitesses, ses rancœurs sous les oripeaux de la belle littérature. Si les écrits qu’elle a laissés nous touchent encore, tous ses écrits et pas seulement ses poèmes, mais jusqu’au moindre fragment, jusqu’aux pages raturées de ses brouillons, c’est parce qu’ils demeurent un brûlant foyer de tensions. A cet égard, il serait temps de dissiper une confusion trop longtemps entretenue par les excès du structuralisme. S’il est évident que dans l’étude d’un auteur la connaissance de la vie ne remplacera jamais celle de l’œuvre, que l’œuvre existe en soi et pour soi, cela ne signifie pas que l’on doive se priver d’un instrument précieux de compréhension du processus même de la création. La portée d’une œuvre est liée à ses enjeux, non seulement aux déterminations qui ont pesé sur son élaboration, mais à la place de l’œuvre dans la vie, de la vie dans le siècle, à l’apport de l’œuvre au flux mouvant et changeant des idées et des formes, à la fonction de l’écrivain dans la société. Bref, il s’agit de réhabiliter l’histoire de la littérature. Dans le cas de Forough Farrokhzad, les enjeux sont d’autant plus cruciaux qu’ils portent sur la conception même du langage poétique qui, après elle, va basculer vers d’autres horizons. C’est pourquoi, avant d’aborder l’analyse des textes en tant que tels, il importe de les situer dans leur cadre historique et biographique.
Il est difficile d’être plus lucide envers l’égalitarisme terrifiant qui, sous ses yeux, entraînait le nivelage de toutes les valeurs esthétiques et culturelles sous le pied d’un utilitarisme nauséeux. Forough a été la première à déchiffrer dans la société de son temps des tares appelées à proliférer et à prospérer, de véritables maladies de l’âme qui risquent à terme d’entraîner la mort de l’homme comme être pensant.
Les poètes ont un sixième sens qui leur éclaire l’avenir.
La poésie possède clairement le sens d’une résistance. Dans le cas de pays en guerre, ou occupés, la poésie peut prendre la tente d’un combat idéologique. Cet aspect militant de la poésie est une évidence pour de nombreux espaces en guerre, ou soumis à une censure. Le sens subversif des mots assemblés dans le poème se double souvent d’un renouvellement des formes plus ou moins radical : c’est un autre combat, cette fois-ci interne au poème, et un travail fondateur de destruction-reconstruction. Forough a toujours attaché une importance capitale à la composition de son œuvre, à l’architecture de son livre. Sans doute, cette préoccupation a-t-elle l’une des causes de l’extrême lenteur avec laquelle elle a préparé l’élaboration et la publication de ses recueils de poèmes. En fait, il ne s’agissait pas seulement pour lui de réunir dans un seul volume des poèmes épars, mais de les intégrer dans une forme douée d’une forte cohésion, d’une nécessité organique.
Il va de soi que le titre qui va finalement couronner cette somme et lui donner à jamais un sens, ce titre est venu signer un projet qui, longtemps avant de se déclarer et de tenter de s’accomplir, a été le fil conducteur latent d’une inspiration paresseusement et savamment orientée. Le charme vagabond de la poésie est de se plier à la vie, en quoi elle est proche du journal intime. C’est pourquoi une œuvre poétique donne toujours quelque prise à l’illusion rétrospective. Toute la question est de savoir si la forme qui satisfait enfin l’esprit et le cœur, l’œil et l’oreille, est une illusion ou au contraire une construction qui se révèle sa charpente qu’au terme d’un long et capricieux parcours. Parler d’inspiration à propos de la poésie, c’est rappeler qu’elle est tissée d’une succession de moment de hasard ou, si l’on préfère, de grâce. Et, portant, cette succession apparemment décousue, car tel est le prix de la liberté, de l’improvisation, obéit de manière secrète à une exigence d’unité ; elle est mue par un dessein. Forough avait très tôt pressenti que le mot de liberté couvrirait un jour le contraire de ce qu’il était censé signifier pour les partisans de l’idée de progrès. Elle savait qu’il était vain de lutter contre une abjection appelée un jour à devenir universelle. Elle en avait déduit qu’il n’y avait désormais pas d’autre chemin pour la poésie que d’affronter cette abjection pour y puiser les éléments d’une beauté nouvelle.
En tout cas, elle nous a laissé, par son diabolique courage et par son incurable optimisme, par sa foi dans l’art, en dépit de tout, un admirable exemple de résistance à une ignominie sociale qui ne devait cesser de grandir et qui, aujourd’hui, étale sous nos yeux ses tristes turpitudes.
Le remariage de son père, le colonel Mohammad Farrokhzad, alors que la future poétesse n’a que seize ans, va marquer profondément sa sensibilité. Il serait simpliste d’expliquer sa vocation de poète par cette blessure, mais comment nier l’incidence d’une situation ressentie par elle comme un abandon sur son œuvre, sur sa vision du monde. Nul doute que l’incurable nostalgie du paradis perdu qui retentit dans ses plus beaux vers provient de cette faille. On ne peut dissocier sa création poétique de ce déchirement existentiel auquel elle devra son identité, son frémissement et aussi sa fragilité, sa relativité. Le travail souterrain qui a suivi cette brusque révélation de sa solitude et de sa singularité, bien qu’il n’explique en rien son éveil à la Poésie, et encore moins son génie poétique, entrera certainement pour beaucoup dans sa volonté d’être poète. Par là même, les traces indélébiles que laissera dans son âme cette expérience précoce d’un délaissement éprouvé comme une véritable déréliction, forgeront la fondamentale ambiguïté de son attitude envers la vie, envers le monde et surtout envers le langage. On peut même identifier l’éveil en elle de la vocation poétique à ce passage du délaissement à la déréliction, mot chargé de connotations coraniques, qui désigne l’état d’abandon de l’homme par Dieu. Le sentiment de déréliction est celui-là éprouvé par le Christ au Jardin des Oliviers, quand il reprocha à son père de l’avoir abandonné. La déréliction, c’est le désespoir de l’âme laissée à elle-même, de l’âme qui se sent exclue de la grâce divine.
L’usage poétique de la parole est scellé par cet agrandissement de la destinée individuelle en drame universel, cosmique, le drame de l’humanité déchue. On peut donc parler de prise de parole du poète, comme on parle de prise d’un sacrement.
Sa poésie, c’est, d’une part, la vie faite œuvre, l’être et le temps humains transmués en langage, mais c’est en même temps la création poétique saisie à jamais dans sa gangue de chair : c’est ce patient assemblage de mots qui fait un poème, cette constellation sans cesse changeante et mouvante de poèmes qui fait un livre, mots et poèmes révélés dans leur fragilité, emportés dans un courant qui est celui de l’existence, avec tout ce que celle-ci comporte de rare et de banal, d’unique et de commun, de fugace, de hasardeux et d’éternel. Cette osmose qui rend l’œuvre et la vie aussi indissociables que des vases communicants explique le choix par Forough d’un terme aussi surprenant au premier abord que celui de Prisonnière pour titre du premier de ses projets aboutis. Il est vrai qu’il ne s’agissait pas d’un titre général, mais aussi partiel que soit le regroupement de poèmes qu’il était appelé à désigner, un mot porteur sous la plume d’une poétesse aussi éprise de perfection et aussi soucieuse d’affirmer ses ambitions que l’était Forough. Ses poésies décrivent un voyage initiatique. En dépit de la division thématique et de la fragmentation en poèmes distincts, il est aisé d’y lire une histoire, une histoire intérieure, l’histoire d’une âme. Son œuvre est composée de cinq recueils qui dessinent une courbe descendante.
Si Forough avait eu le temps de développer ses idées, on imagine quel étrange système de la mode en serait sorti !

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Inserire testo
«If you can look into the seeds of time and say which grain will grow and which will not. Speak then to me.»

«Si vous êtes capables de trouver dans les semences du temps la graine qui va germer. Instruisez-moi.»
W. Shakespeare, Macbeth

La vraie mort, c’est le rien.
Il faut résister à cela, que la mort soit quelque chose, qu’elle fasse partie de la vie, qu’elle soit en état de complicité incessante.
Notre façon d’être avec la mort, de rencontrer la mort, est toujours une répétition. C’est à la fois la répétition d’une mort, la répétition du passé et du futur.
Et chaque mort qui nous arrive est alimentée par la source, le torrent des autres morts.
Et ce que nous perdons, à chaque fois, c’est un enfant.
Lorsque mon père… – je crois que je ne parviendrai jamais à articuler ces quatre petits mots si lourds : «Mon père est mort.» - j’ai perdu l’enfant qu’il était pour moi, l’enfant que j’étais pour lui, l’enfant que je suis pour moi.
Tout pour moi dans la vie s’accompagne d’un indice de «encore».
Ainsi, mon père est encore là.
Je ne peux pas traverser un jardin avec lui et regarder un fil d’herbe pousser, sans me dédoubler et me voir, à ce moment même, regarder ce fil d’herbe avec mon père, bercée par les notes d’une musique ouvrant un passé-futur.
Nous pouvons vivre notre mort dans la fin brutale d’un amour, dans la perte narcissique. Nous devenons mortels et faisons la connaissance de la mortalité dans ce rapport à l’autre. De telle sorte que la moitié sera séparée de la moitié et devra la garder.
Quant à ceux qui emportent un morceau de nous-mêmes, il y a un tissage à faire, c’est un immense travail.
Renouer sans cesse, tendre l’oreille, tendre l’attention.
Ce n’est pas un se rappeler, mais appeler, évoquer.
Notre sort, c’est de ne pas laisser derrière nous.

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08-09-2007
Selon le philosophe français Albert CAMUS, dans le «MYTHE DE SISYPHE»:
« Il n’y a qu’un problème philosophique vraiment sérieux c’est le suicide…»
Le suicide est un phénomène très complexe qui, au fil des millénaires, a attiré l’attention des philosophes, des théologiens, des médecins, des sociologues et des artistes. L’Antiquité gréco-romaine fournit une liste impressionnante de personnages célèbres ayant mis fin à leurs jours.
Dans son étude du 1897, le sociologue français Emile Durkheim définit le suicide:
«Tout cas de mort qui résulte directement ou indirectement d’un acte positif ou négatif, accompli par la victime elle-même et qu’elle savait devoir produire ce résultat.»
Sa définition est peu appropriée et très large: peuvent être appelés l’acte héroïque d’un soldat qui tente de sauver un camarade sous une grêle de balles, l’acte chevaleresque d’un passant qui se jette dans la mer pour tenter de sauver un enfant qui se noie, la mort d’une femme abandonnée par son amant, celle du martyr qui meurt pour sa foi. Au lieu de restreindre l’objet d’étude, il l’élargit.
Il me semble plus adéquate la définition proposée par Giuseppe Masi:
«In sensu stricto, c’est l’acte par lequel le sujet se donne volontairement la mort.»
Je m’en rapporte à cette définition.
Le phénomène suicidaire est certes fort complexe et ne se résume pas au trouble psychiatrique mais il ne l'écarte pas, au contraire. Il faut donc envisager le problème du suicide comme un phénomène complexe qui fait intervenir un ensemble de facteurs de risque.
La mort suicide met à nu le problème du sens de la vie, le problème de la vie, le problème du SENS: la vie est-elle un cadeau ou un bien de consommation que l’on utilise et que l’on jette quand ça ne nous satisfait plus?
L’homme est-il le patron de sa vie ou, au contraire, doit-il en rendre compte?
C’est au-delà de toute doute que la fréquence des suicides est en relation avec la désagrégation sociale aux différents niveaux: religieux, familial et politique. Si la société devient un ensemble disjoint de sujets, dont l’unique élément socialisant c’est leur contiguïté physique, les sujets se sentent se sentent désemparés, ignorés, mal aimés, abandonnés, isolés, perdus, seuls et souvent inutiles. C’est dans ce conteste que les idées d’autodestruction naissent: on pense au tribut très élevé payé par les personnes âgées au suicide.
A ce point c'est fort compréhensible l’évaluation éthique du suicide, même si dans la pleine conscience de l’impossibilité humaine d’évaluer en dernière instance la faculté de chaque suicidé.
On sait très bien que la manière dont les médias rendent compte d’un suicide peut avoir un effet d’imitation. Dans la littérature scientifique on parle d’ «effet Werther» parce que le roman de Goethe «Les souffrances du jeune Werther» déclencha une vague de suicides chez les jeunes gens de l’époque.
Le 10 septembre 2006, à l'occasion de la Journée mondiale de prévention du suicide, l’Organisation Mondiale de la Santé, qui avait lancé, en 1999, son programme SUPRE pour la prévention du suicide, a publié, à l’intention des gouvernements, des professions de santé, des éducateurs, des dispensaires et de la presse, des recommandations sur la manière d’aborder le problème du suicide.
Au niveau mondial le suicide figure parmi les trois premières causes de décès chez les 15-44 ans.
Le suicide se voit presque à tous les âges, quelque soit la culture ou l’origine ethnique.
L’adolescence est une période particulière marquée par de profonds remaniements psychologiques et biologiques. Les adolescents vivent au moment présent et les émotions sont vécues de manière intense et globale. Chez eux, les événements de la vie sont très souvent des facteurs précipitants, même si nous pouvons les juger inappropriés.
L’avancée en âge ne protège pas de la mort par suicide, c’est même l’inverse; les chiffres sont accablants. Le troisième âge est une période généralement riche en événements vitaux stressants. C’est l’âge des pertes: perte sociale, altération de l’aspect et des capacités physiques, perte de la santé et des êtres chers. Même si la plupart des personnes âgées s’adaptent, il n’est donc pas étonnant de constater que c’est une période à haut risque suicidaire.
Pour conclure, j’aimerais rappeler ce que disait le philosophe français Paul Claudel aux étudiants de la Sorbonne :
«Je suis une ruine d’homme, je ne suis plus capable de parler, je ne vois plus, je n’entends plus, je ne marche plus. Mais, en dépit de ma paralysie, je suis encore capable de faire une chose qui me donne l’idée d’être un homme. Je suis encore capable de me mettre en genoux.»

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07-09-2007
Il était une fois... la Poésie au Café.
Georges Bernanos disait:
«Je ne peux pas me passer très longtemps du visage et de la voix humaine. J'écris dans les cafés.»
Les enseignes de cafés sont comme autant de repères dans les rues des villes.
D'ailleurs, existe-t-il une rue qui n'ait pas son Café?
Les petites gens, les bandes de jeunes, les amoureux, les beaux parleurs, les oisifs, les truands, les artistes… finalement, tout le monde va au Café!
Tout commence avec la venue en Europe d’un breuvage noir, chaud et parfumé: le «qahvé».
Cela a lieu aux alentours de 1600 par les marchands vénitiens. C'est à l'Ambassadeur de la "Sérénissime" à Constantinople, Gian Francesco Morosini, que l'on doit, en 1585, le premier rapport sur la consommation du Café. Les Turcs, raconte-t-il, ont l'habitude de "boire dans les lieux publics et même dans la rue un liquide noirâtre, brûlant, extrait d'une plante qu'ils appellent "cafetier" et qui a la propriété de tenir éveillé".
Le grain de café vient d’Orient bouleverser nos façons de vivre.
On peut raconter, en effet, l’histoire de nos sociétés, à travers l’histoire des Cafés, tant l’histoire de l'une irrigue l’autre, la petite souligne la grande quand elle ne la précède pas. Ces lieux presque abstraits deviennent les lieux des confidences, des discussions, de l'expression des sentiments. Les idées libérales y naissent. Les pamphlets et les libelles y sont distribués.
Les poètes de Montmartre ne pouvaient vivre qu'au Café et cette affection n'a pas été sans leur nuire dans l'esprit bourgeois. Leur pauvreté, leur dédain et leur ignorance des soins et des soucis d'un foyer, leur imposait le goût de ce lieux public où ils retrouvaient, avec l'Amitié de gens ayant les mêmes goûts, l'apparence d'un beau décor, une atmosphère familière et la double excitation de discuter et de boire.
Peu à peu, la race des Immortels au Café, Villiers de l’Isle-Adam essayant ses histoires insolites sur les adolescents, Paul Arène chantant le Midi bouge, ou Oscar Wilde, désolé et féroce, contant un apologue, s'est éteinte. On ne va plus au Café que pour y parler des morts et des monuments à leur élever. Il n'y a plus que les «comités de statues» qui les fréquentent.
Les poètes nouveaux sont des poètes de salons et de thé de cinq heures. Ils sont «confortables» comme l'idéal chanté dans le Coffret de Santal: dormir tranquillement en attendant la gloire. Dans un lit frais, l'été, mais, l'hiver, bien chauffé. Tout cela vaut bien mieux que d'aller au Café. Ces vers sont de Charles Cros qui, lui, n'alla guère qu'au Café, où il écrivait, d'ailleurs, un an avant Edison, le rapport présentant à l'Académie des Sciences le paléophone ou phonographe. Comme Moréas, Charles Cros maudissait le café et y revenait souvent.
C’est la schizophrénie des poètes!

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06-09-2007
Inserire testo
21-08-2007
MON
TESTAMENT
LITTERAIRE
Je veux qu'après ma mort tous mes manuscrits non publiés, avec leurs copies s'il en existe, et toutes les choses écrites de ma main que je laisserai, de quelque nature qu'elles soient, je veux, dis-je, que tous mes manuscrits, sans exception, et quelle qu'en soit la dimension, soient réunis et remis à la disposition des mes Amis dont voici les noms en ordre alphabetique:
Sonia ANTOLINI,
Rosa CORRETTI,
Andrea DIONISI,
Rosetta DABBAG,
Sara DABBAG,
Shirin DABBAG,
Maria ERAMO
Gioia FERRARINI,
Eugenio GALDIERI,
Giuliana GIULIANI,
Piera PALOMBO,
Maria Costanza SERRAVALLE,
Marco TUMBARINU.
Je donne à mes Amis plein pouvoir pour requérir l'exécution entière et complète de ma volonté.
Je les charge de publier mes manucrits de la façon que voici:
Lesdits manuscrits peuvent se classer en trois catégories:
- premièrement, les oeuvres tout à fait terminées;
- deuxièmement, les oeuvres commencées, terminées en partie, mais non achevées;
- troisèmement, les ébauches, fragments, idées éparses, vers ou prose, semées ça et là, soit dans mes carnets, soit sur des feuilles volantes.
Je prie mes Amis de faire ce triage avec le plus grand soin et comme je le ferai MOI-MEME, dans l'esprit et dans la pensée qu'ils me connaissent, et avec toute l'Amitié dont il m'ont donné tant de marques.
Je les prie de publier, avec des intervalles dont ils seront juges entre chaque publication:
- d'abord, les oeuvres terminées;
- ensuite, les oeuvres comencées et en partie achvées;
- enfin, les fragments et idées éparses.
Cette dernère catégorie d'oeuvres, se rattachant à l'ensemble de toutes mes idées, quoique sans lien apparent, formerà, je pense, plusieurs volumes, et sera publiée sous le titre "MES GRAINES". Presque tout cela a été écrit après la mort de REZA. Je rends à la TERRE ce que j'ai reçu d'elle.
Les frais de la publication de cet ensemble d'oeuvres seront supportés de la vente de "LA MACEDOINE"et de tous mes biens meubles et immeubles.
Indèpendamment de ces trois catégories de publication, mes Amis, dans le cas où l'on jugerait à propos de publier mes Lettres après ma mort, sont expressement chargés par moi de cette publication, en vertu du principe que les Lettres appartiennent, non à celui qui les a reçues, mais à celui qui les a écrites. Ils feront le triage de mes Lettres et seront juges des conditions de convenance et d'opportunité de cette publication.
Je les remercie du plus profond de mon coeur de vouloir bie prendre tous ces soins.
Telles sont mes volontés expresses pour la publications de tous les manuscrits inédit, quels qu'ils soient, que je laisserai après ma mort.
J'ordonne que ces manuscrits soient immédiatement remis à mes Amis, pour qu'ils exécutent mes intentions comme l'eussent fait mes Familiaux bien-aimés.
Fait et écrit de ma main, en pleine santé d'esprit et de corps, aujourd'hui vingt-cinq novembre deux-mille et sept, à Rome.
A. Daniela Zini, alias D, alias Firouzeh, alias Cendrillon
MES
BRIBES
DE
VIE
A defaut de trouver les mots pour partager mes bribes de vie, en voici un petit aperçu...
Sono nata a Roma il 20 gennaio 19.., alle sette del mattino, in una stanza di una grande casa circondata da un giardino, che dava su via (...). La casa non mancava di attrattive: nonostante le mutilazioni che le avevano fatto subire i diversi proprietari desiderosi di imborghesirla, portava ancora i segni di un certo spirito contadino, che esige che un edificio sia costruito per servire e non soltanto per apparire. E' scomparsa una ventina di anni fa, divorata da un condominio.
La vita, che trovavo scialba e monotona, è divenuta improvvisamente eccitante e preziosa.
Per la prima volta mi sento importante per me stessa: ho preso coscienza della mia esistenza e tutte le cose banali che costituiscono questa esistenza hanno acquistato importanza a loro volta.
Tornerò a essere felice.
Mi perdonerete, ne sono certa, se sorvolerò su alcuni fatti di questo ultimo anno, ma i miei sentimenti riguardano e non commuovono che me sola.
Preferisco conservare per me i ricordi intimi.
moi
été 2005 à Paris
moi
été 2005 à Paris
moi
été 2005 à Paris
moi
juillet 2002 au Palatin
moi
juillet 2002 au Palatin
moi
juillet 2002 au Palatin
moi
été 1997 à La Macédoine
Che fortuna è, per me, vivere in questa tenera e ubertosa campagna, la cui serenità intride l'anima. Nelle notti di luna tremano bagliori senza bisogno di un poeta o di un pittore per contemplarli o di un profeta per sapere che un giorno certe specie di insetti dalla goffa corazza si avventurarono lassù nella polvere di quella sfera senza vita.
Rudolf Nureyev
moi
à vingt et un an
Verso i vent'anni, identificandomi con la Joe di Louisa Alcott, iniziai a desiderare io stessa, agli occhi di un pubblico, questa dimensione immaginaria che mi rendeva così affascinanti l'eroina del romanzo e l'autrice che si proiettava in lei.
Simone de Beauvoir et Jean-Paul Sartre
Marguerite Yourcenar
moi
A cinque anni fui iscritta all'Istituto bilingue Immacolata Concezione. Cresciuta all'ombra degli adulti, avrei avuto la mia cartella, i miei libri, i miei quaderni, i miei compiti. La mia settimana e le mie giornate si sarebbero svolte secondo i miei orari. Intravedevo un avvenire che, anziché separarrmi da me stessa, si sarebbe depositato nella mia memoria e, anno dopo anno, mi avrebbe arricchita.
mon frère et moi
Insegnando a mio fratello a leggere, a scrivere e a contare, conobbi già all'età di cinque anni l'orgoglio dell'efficacia. Mi piaceva scarabcchiare sulla carta bianca frasi, disegni, ma così facendo non fabbricavo che cose inutili, invece, quando trasformavo lignoranza in sapere, quando imprimevo delle verità in uno spirito vergine, creavo qualcosa di reale. Non imitavo gli adulti, li eguagliavo, e il mio successo andava molto al di là della loro compiacenza, soddisfaceva in me aspirazioni più serie della vanità.
ma tante Caterina, mon amie Paola et moi
Zie, zii, cugini, un'abbondante famiglia mi garantiva della mia importanza. Inoltre, un'intera popolazione soprannaturale vegliava su di me con sollecitudine. Non camminavo ancora quando la zia Caterina mi condusse in chiesa e mi mostrò, in cera, in gesso, dipinte sui muri, le immagini di Gesù Bambino, di Dio, della Madonna, degli Arcangeli, uno dei quali era particolarmente adibito al mio servizio: Michele.
moi
Della casa paterna, in cui trascorsi i primissimi anni della mia infanzia, ho vaghi ricordi, quasi inesistenti. Quando a tre anni, per mano a mio padre, mi preparavo a lasciarla definitivamente per andare a vivere con gli zii paterni, voltandomi per l'ultima volta, sentivo che non l'avrei rivista mai più. Sebbene, in un atto supremo di orgoglio, mi infliggessi di non piangere, nondimeno gli incipienti tormenti, le stesse speranze e quel dover riprendere ogni giorno una segreta battaglia con me stessa e con le cose circostanti, per trovarmi sempre al punto di partenza, avevano insinuato i primi germi del dubbio, una precoce malinconia, che mi faceva presagire il male, cercare la solitudine e cadere in viziosi ripiegamenti.
moi
à six mois
Il mio capo era coperto di una peluria bionda come il dorso di un topo, le dita dei miei pugni chiusi, quando si aprivano, somigliavano ai virgulti delicati delle piante, i miei occhi contemplavano le cose che nessuno mi aveva ancora nominato o definito, per il momento non ero altro che esistenza, essenza e sostanza indissolubilmente fuse in un'unione che avrebbe durato sotto questa forma circa..., forse, anche più.
aggiornamento della pagina: 5 marzo 2008
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