Actas de una ponencia de Gaetano Vergara para la Asociación cultural hispano-italiana La Tertulia
20 de Mayo de 2001
Hablo de dialecto y no de lengua napolitana siguiendo una tradición sociológica que da el estatuto de lengua sólo a los sistemas lingüísticos reconocidos como oficiales, los que son institucionalizados en centros de enseñanza y se utilizan para producir documentos de carácter legal, escribir constituciones y leyes o dictar sentencias en los tribunales. Pero, si se considera el dialecto como un sistema lingüístico derivado de otro, casi como si el napolitano fuera una variante geográfica del italiano, pues, esta definición es inaceptable. Sin embargo, los napolitanos debemos reconocer que a nuestro sistema de comunicación le falta una normalización de la ortografía, que es un paso indispensable para hacer de un lenguaje común una lengua real y efectiva. Así se puede concluir que el napolitano es sobre todo una lengua hablada, sin reglas ortográficas precisas, aunque desde el siglo XVII ha habido una notable producción creativa en napolitano (teatro, narrativa, poesía, canciones, cine). [1]
Para entender la riqueza lingüística del napolitano es imprescindible delinear un perfil histórico que nos pueda servir como coordenada de referencia.
Como en todas las ciudades muy antiguas, las hipótesis sobre la fundación de Nápoles son muy controvertidas. Sin embargo, históricos y arqueólogos concuerdan en el origen griego de la ciudad. Un grupo de colonos, quizás provenientes de Cuma, fundó alrededor del VI siglo a. C., la mítica Partenope. Posteriormente, otros colonos griegos crearon un nuevo aglomerado urbano, al cual, probablemente, dieron el nombre de Neapolis (nueva ciudad) para distinguirlo de un núcleo más antiguo que fue llamado Paleópolis (vieja ciudad). Cualquiera que sea el origen, la elección del lugar para su fundación fue sin dudas muy afortunada. Muy pronto Nápoles, con su clima delicioso y la vista sobre uno de los golfos más bellos del mundo, comenzó a extenderse y a adquirir esa fama que conservaría inalterada en el curso de los siglos siguientes. La ciudad mantuvo tradiciones, costumbres y lengua helénicas, incluso durante su dominación romana, bajo cuya hegemonía continuó siendo durante siglos un rico centro de cultura y una zona residencial de refinada elegancia.

Después de la Caída del Imperio Romano (476 d.C.), se disputaron el mando de este territorio Godos y Bizantinos (536-763), Longobardos y Normandos (763-1194), Suevos (1194-1266), Anjous (1266-1441) y Aragoneses (1442-1503).
La dominación española propiamente dicha empezó al comienzo del siglo XVI (1504) y duró más de 200 años bajo el poder de un Virrey, hasta que, en 1707, el Reino de Nápoles pasó a dominio austríaco.
En 1734 el poder volvió a manos de los españoles y diez años más tarde, con Carlos III, Nápoles fue la capital del reino borbónico, con las interrupciones de la República Partenopea (1799) y la breve experiencia francesa con José Bonaparte y Joaquín Murat (1806-1815).
Después de la empresa garibaldina y de la unificación (1861), los napolitanos votaron por la anexión de la ciudad al reino de Italia. Finalmente, en la segunda guerra mundial, las poblaciones napolitanas entraron en contacto primero con las tropas alemanas y luego con las americanas.
Importantes huellas de esta larga historia se encuentran en los monumentos, en las iglesias, en los palacios, en las calles y, naturalmente, también en el dialecto de Nápoles.[2]
En recuerdo de una larga presencia francesa quedan en el napolitano muchos galicismos, como por ejemplo: buatta (boite), buchè (bouquet), brioscia (brioche), bisciù (bijou), cummò (commode), gattò (gâteau) o sanfasò (sans façon). No faltan trazas catalano-aragonesas, como el verbo addunà (en español, darse cuenta) o los sustantivos riggiola y pastenaca (en español azulejo y zanahoria). Trasladando nuestra rápida investigación más al Norte, encontramos huellas germánicas - como spasso (de Spass, divertimento, recreo) o 'uerra (del germánico werra) o graffa e raffiuoli (pasteles derivados de Krapfen) - y también palabras de derivación angloamericana - es el caso de sciù (otro pastel, con forma de zapato, en inglés shoe),[3] o cresemisso (regalo de Navidad, fiesta que en inglés se llama Christmas). Pero, por supuesto, a parte el vasto patrimonio griego escondido en muchas palabras napolitanas,[4] la traza extra-toscana más evidente remonta a los 200 años de convivencia de los napolitanos con la lengua castellana.
De hecho, se conservan muy vivas las huellas lingüísticas de la dominación española no sólo en el léxico, sino también en la estructura gramatical de todos los dialectos meridionales.
Así en napolitano se notan muchos fenómenos gramaticales ausentes en la lengua italiana que atestiguan un claro influjo castellano. Casos emblemáticos y trascendentes son:
· el acusativo personal, es decir el uso de la a en el complemento directo referido a persona,[5] desconocido en italiano (Nun veco a Maria: No veo a María);
· el uso del verbo tenere en lugar del italiano avere para expresar la posesión real o figurada (Tengo duje figlie: Tengo dos hijos / Hanno nserrato 'o tauto: Han encerrado el ataúd);
· la repetición de los pronombres complemento en forma tónica y átona (A me me piace / A mí me gusta);[6]
· la fusión del pronombre con la preposición con (cummico, cuttico / conmigo, contigo);[7]
· el uso del subjuntivo imperfecto para expresar un deseo (Vulesse / Quisiera);
· el verbo fà para indicar transformación en lugar del italiano diventare y en correspondencia con el español hacer (S'è fatt' ruoss / Se ha hecho grande)
· el uso de "como no" para presentar una condición que se refiere a algo que el hablante considera indeseable o temido (Comme nun me cunt' tutt' cos', te paleo / Como no me cuentes todo, te apaleo).[8]
Además de estas estructuras morfológicas y sintácticas, hay evidentes trazas de una larga y antigua convivencia con hispanohablantes en la formación de las palabras, donde se nota:
· la recurrencia del fenómeno de la diptongación: ciento (ciento), siente (siente), tiempo (tiempo), viecchio (viejo), viento (viento), vierno (invierno)
· la frecuencia de palabras cuya pronunciación termina con consonante: man' (mano), mar’ (mar), sol’ (sol), pan’ (pan), sal’ (sal).[9]
Existen trazas evidentes también en los apellidos (Vergara, Vargas, Ruiz de Vallesteros, Gomez de Ayala, Olivares, Blanco) o en la topografía napolitana (Rua Catalana, Via Toledo, Chiesa di San Giacomo degli Spagnoli, Barrios Españoles).
Es también significativo el uso cultural de la lengua, como el don antes de los nombres de persona o la posibilidad de utilizar en la lengua hablada formas despectivas -como hijo de perra, hideputa, hijueputa[10] o figlio 'e zoccola, figlio 'e 'ntrocchia, figlio 'e puttana- no sólo como insulto sino también como una especie de título de mérito (se vea también una expresión como "va de puta madre" en el sentido de "funciona estupendamente" que recuerda muy de cerca el napolitano va chicazzo).
Vamos ahora a echar un vistazo a una serie de palabras napolitanas de probable derivación o influencia española divididas por categorías:
Partes del Cuerpo:
1. Lengua (lat. lingua - esp. lengua)
2. Diente (lat. dens - esp. diente)
3. Ogna (gr. onux - lat. unguis - esp. uña)
4. Pelo (lat. pilus; a veces también en napolitano puede indicar el conjunto de los cabellos)
En Cocina:
1. Accio (del español apio o directamente del latín apium)
2. Butteglia (del español botella o directamente del francés bouteille - XVI sec.)
3. Café (del español, y éste del turco kahvé)
4. Carcioffola (de alcachofa y éste del árabe al-jarsuf)
5. Caso (del español queso o directamente del latín caseus; hoy es raro, pero de caso deriva el típico casatiello de Semana Santa)
6. Cerasa (del español cereza o directamente del latín ceresia)
7. Coviglia (del español cubillo; la coviglia es un típico sorbete napolitano que se prepara en pequeñas vasijas cónicas de metal -los cubillos- para mantener frío el helado)
8. Galletta (del español galleta o del francés galette. Es interesante observar que en Italia se llama Pan di Spagna el "bizcocho" y biscotto la galleta)
9. Limone (de limón que a su vez deriva del árabe laimun)
10. Melone (del español melón, der. del griego melopépon)
11. Micciariello (de mechero)
12. Sarvietto (del español servilleta o del francés serviette)
13. Scapece (del español escabeche y éste del árabe çicbech, aunque esta salsa en Nápoles se prepara con orégano y en España con laurel)
Relaciones de parentesco:
1. Iennero (del español yerno, éste del latín gener)
2. Mugliera (de mujer, pero sólo en el sentido de la casada con relación al marido; mujer deriva del latín mulier)
3. Suocr' y socra (del español suegro y suegra o del latín socrus et socra; pero en napolitano una socra es normalmente la madre de él, porque para la madre de ella se usa el termino: 'gnora)
Adverbios:
1. Abbascio (del español abajo o del catalán abaxo, éstos del latín bassus)
2. Accá e allá (de acá y allá, del latín eccum hac y illac)
3. Addò (del español adónde, éste del latín apud)
4. Ajere (de ayer, éste del latín ad heri)
Verbos y Expresiones:
1. Aunì (de aunar; del latín adunare)
2. Capé (del español caber o del latín capere= asir, contener)
3. Iucà (del español jugar o directamente del latín iocari)
4. Nserrà (de en-cerrar; del latín serare, y éste de sera)
5. Palià (de apalear o da pelear o -como piensa Renato De Falco- del griego pale=lucha)
6. Seccà (de secar y éste del latín siccare; el uso corresponde sobre todo en el sentido de dejar exhalar la humedad de la ropa mojada: Spanne a culata si no 'sti cammise nun se seccano / Tiende la colada para que se sequen estas camisas).
7. Spartì (de partir o directamente del latín partiri - dividir, separar -,de pars/partis ‘parte’).
8. Tené genio (probablemente, de tener gana)
Varios:
1. Attrassato (de atrasado, participio de atrasar, y éste de atrás)
2. Buffettone (de bofetón, y éste de la raíz onomatopéyica buf, soplar)
3. Caracò (del español caracol o del análogo vocablo francés)
4. Castagnelle / Castagnette (de castañetas o castañuelas, ambos vocablos derivados de castaña)
5. Cammisa (camisa, éste del latín camisia)
6. Catarro (del español catarro o directamente del griego katárrhos, de donde deriva también el latín catarrhus)
7. Chella (del español aquella, y éste del latín eccum illa)
8. Culata (de colada, en el sentido de lavado periódico de la ropa sucia - antiguamente se lavaba con agua de cenizas que había que colar)
9. Currea (de correa y éste del latín corrigia)
10. Funtaniere (del español fontanero, y éste de la palabra italiana fontana)
11. Fanfarone (de fanfarrón; es una voz onomatopéyica)
12. Mala ciorta (de mala suerte)
13. Mosta (de muestra, y este del latín mostrare)
14. Ofano (de ufano; hoy es muy raro. Ufano es un vocablo de origen incierto; probablemente deriva del germánico y se relaciona con el gótico ufio, abundancia, exceso)
15. Palummo / Palomma (del español palomo / paloma y éstos del latín palumbus / palumba. Sin embrago, hoy el femenino - sobre todo cuando usado en la forma diminutiva Palummella - indica la mariposa)
16. Pressa (del castellano antiguo: priessa, derivado del latín pressus y origen del moderno prisa)
17. Propio (del español propio, éste del latín proprius)
18. Rilorgio (del español reloj, y éste del griego horológion - hora/hora + légein/decir - a través del latín horologium)
19. Risa (del español risa, éste del latín risus)
21. Sfarzo (de disfrazar - entrado en el siglo XVII en el italiano a través del napolitano)[11]
22. Suonno (suonno en napolitano - como sueño en español - significa tanto acto y ganas de dormir como representación de sucesos e imágenes en la mente cuando se duerme, mientras que en italiano se distingue el sonno del sogno; también el latín somnus indicaba el mero acto de dormir).
23. Tauto (del español ataúd, y éste del árabe at-tabut - caja, arca)[12]
24. Tuvaglia (del español toalla, y éste del germánico thwahlia; es interesante notar que tovaglia en italiano indica el mantel; por eso, con el mismo término germánico, en italiano se indica el tejido con que se cubre la mesa y en napolitano el lienzo para secarse la cara o las manos, después de lavarse. Imaginaos la maravilla de un italohablante al oír hablar de tovaglie en un cuarto de baño español o napolitano!)
25. Vrasera (de brasero)
Entre el español y el napolitano existen también unos falsos amigos, en el sentido de palabras que se pronuncian en modo igual o semejante, pero tienen significado distinto. Eso pasa porque muchas veces las palabras se despegan de su origen y adhieren nuevos y sucesivos sentidos. Así, por ejemplo:
1. Cantaro (en napolitano, orinal, mientras el cántaro español - lat. cantharu, gr. kántharos - indica cualquier tipo de vasija grande de barro o metal, de boca angosta, barriga ancha y pie estrecho, con una o dos asas)
2. Guappo (que, en napolitano, corresponde siempre a pilluelo, bribón, pícaro, hombre de la camorra y nunca a bien parecido, bien vestido o atractivo. El vocablo deriva del latín vappa - antes vino estropeado y después rufián, granuja, vago, holgazán -, probablemente, a través del francés antiguo wape, bribón)
3. Noce do cuollo (que en napolitano es la parte posterior del cuello, es decir la nuca, mientras en español la nuez corresponde a este abultamiento que forma la laringe en la parte anterior del cuello, que se nota mucho en los hombres delgados y se llama en italiano pomo de Adamo y en español bocado o nuez de Adán)
En la interminable evolución de las lenguas, pasa a veces también que los dominados prestan palabras a los dominadores. Así, además de los numerosos hispanismos napolitanos, existen también palabras napolitanas entradas en el uso castellano de modo transitorio o permanente.
En realidad, muchas veces para el estudioso de etimología es difícil establecer quién es el prestamista y quién el deudor.
Un caso significativo es la palabra camorra, término de origen incierto del que ninguno querría atribuirse la paternidad. Según Marco Monnier[13] podría derivar del español chamarra. Sin embargo, es cierto que el término se ha difundido en el mundo desde Nápoles como nombre de la tristemente famosa organización clandestina de criminales que compete en violencia y falta de respeto de las leyes con la mafia siciliana. De aquí probablemente ha entrado en el español para indicar también una riña o discusión ruidosa y violenta.
Otro caso interesante es el uso de la palabra leño para indicar un navío, y más específicamente la galera. Este uso de la palabra leño se encuentra en el XXXVII capítulo de la II parte del Quijote; nada extraño pensando en la permanencia de Cervantes en Nápoles. Hoy el uso de este término en sentido naval es desusado también en napolitano, pero en la primera mitad del siglo XX era la palabra más común para indicar un buque. Mi abuela decía a menudo que antes "se ieva a America cu legno pecché ancora nun se vulava pe' cielo" (se iba a América con el "leño", porque no se volaba por el cielo).
Otros napoletanismos en el castellano son:
1. Cartulina (pero en napolitano se trata de una tarjeta postal y en español de cartón delgado, muy terso, como un bristol)
2. Cazo (Camilo José Cela documenta el uso de este término en el sentido de miembro viril, como una influencia napolitana).
3. Estrafalario (del napolitano strafalario)
4. Esparadrapo (probablemente de sparadrappo; compuesto de sparare, rajar + drappo, tela)
5. Estropear (del napolitano stroppiare)
6. Lápiz (lat. lapis=piedra)
7. Macarrones (de maccaruni)
9. Rufián (de ruffiano)
10. Serenata
11. Solfatara
12. Sorbete (de sorbetto, vocablo de origen turco - šerbet ‘bevanda fresca’ - o da Arabia - šarab ‘bevanda’)
13. Tarantela
14. Tómbola
Finalmente, quedan trazas que atestiguan el largo contacto con el universo lingüístico ibérico también en algunas palabras, palabrotas y voces vulgares o malsonantes que se refieren casi siempre a la esfera del erotismo y del sexo. Ignorarlas o usar en su lugar eufemismos y asépticas circunlocuciones conduciría a un grave empobrecimiento de la lengua.
A modo de ejemplo de la correspondencia entre el napolitano y el español en el léxico sexual, es curioso notar cuántas metáforas de los genitales masculinos coinciden. Echando un vistazo al Diccionario del Erotismo de Camilo José Cela, entre las muchos nombres utilizados para indicar el pene se encuentran: arnés, as de bastos, cañón, flauta, fusil, instrumento, plátano y vara, que acuerdan muy de cerca los napolitanos: arnese, asso 'e bastone, cannone, flauto 'e pelle, fucile, strumento, banana y varra.
Asimismo en el Diccionario del Argot de Victor León, se documenta la expresión "estar bien armado" en el sentido de tener la picha grande que resuena en el napolitano en la frase "Sta' bbuono armato".
Otros ejemplos son... se tapen los oídos los más púdicos:
1. Basame l'ove (es una injuria que quiere decir "Bésame los huevos", donde huevo es usado como testículo, según el corriente uso español)
3. Ciocia o ciucia (del español chocho/-a, en el sentido de vulva)
4. Coglia / Cuglione / Cugliune (cojón, en el sentido de testículo; al plural en ambas lenguas en el sentido de audacia, valentía, temple; cuglione al singular quiere decir también cobarde, medroso como collón, -llona en castellano y catalán (?))
5. Cosa (usado como eufemismo para indicar el coño. En napolitano es muy usado en la expresión injuriosa 'a cosa 'e soreta: la cosa de tu hermana)
6. Fottere (verbo muy usado en napolitano y en el español de área lingüística catalana en la variante foter. Deriva del francés foutre y el catalán fotre, y éstos del latín futuere)
7. Mantenuta (de mantenida, en el sentido de concubina, amante o de persona que vive a expensas de otro)
8. Natura (naturaleza: lírica antonomasia usada para indicar eufemísticamente la vulva)
9. Pugnetta (de puñeta, puñetazo golpe dado con el puño, es decir con la mano cerrada, y de aquí pasa a indicar en ambos sistemas lingüísticos la masturbación masculina).
10. Ricchione (probablemente de maricón y éste del nombre propio María a través de marica)
11. Rinale (del español orinal, y éste del latín urina).
Como dirían los lingüistas más serios, pasamos ahora del sintagma nominal a la oración con sentido gramatical completo a través de la observaciones de:
Refranes Trabalenguas y Expresiones Idiomáticas recurrentes en el español y el napolitano e inexistentes o muy raras en el italiano
Y ahora, a ver que has aprendido... Intenta traducir en español y en italiano:
p.e. - Me struppiarono mane e piere
- Me estropearon de manos y pies
- Me le diedero di santa ragione
1. Francisco va 'a America
2. Je veco a socra 'e don Pascal'
3. 'O funtaniere sta jucanno ca mugliera 'e Tummaso
4. Che è passato?
5. 'O café nun ce cape into 'a butteglia
6. 'Nserra a porta!
7. Nun tengo tiempo
8. Nun me mettere pressa
9. Che calore!
10. Vien' cummico?
11. Addò vaje?
12. Tengo 'o catarro
13. Da che o munno è munno, chi nasce ca stella e chi no
14. 'A figlia 'e Francisco s'è fatta monaca
15. Ajere me struppiaje 'o piere
16. Tengo suonno
7. CLAVE - Diccionario de uso del Español actual, sm, Madrid
[1] Remonta a 1634 Lo cunto de li cunti de G.B. Basile, una recopilación de fábulas que inspiraron a Charles Perrault y a los hermanos Grimm. Sin embargo, no faltan textos escritos en lengua vernácula ya a partir del X siglo (Placiti cassinesi, redactados en Capua, Teano y Sessa Aurunca entre el 960 y el 963) y sobre todo en el '300 (los gliommeri).
[2] Por supuesto, también por el napolitano como por casi todos los dialectos italianos, la mayoría de las trazas lingüísticas, sobre todo en los textos literarios, derivan del toscano.
[3] Siempre de shoe deriva el termino sciuscià (shoes shine!, ¡limpia los zapatos!) que dio el título a una famosa película neorrealista realizada por Vittorio De Sica en 1946.
[4] Cabe recordar que también el nombre de la ciudad Nea-polis (Nueva Ciudad) es de derivación griega.
[5] Francisco Matte Bon especifica que se usa la a "para introducir el complemento directo todas las veces que se trata de una persona considerada como tal, con todo lo que implica el ser una persona (emociones, una historia personal, una relación de algún tipo con la persona implicada directa o indirectamente en el intercambio, competencias o capacidades específicas, etc.)". (en Gramática comunicativa del español, tomo I, p. 301)
[6] Este uso es frecuente también en el portugués y en el rumano.
[7] Ambas forma derivan del latín mecum/tecum (que ya quería decir conmigo) + con (como decir: conconmigo*)
[8] En el dialecto siciliano se nota también la predominancia del uso del pretérito indefinido en lugar del perfecto.
[9] Sin embargo, en napolitano el apóstrofo es el signo de una elisión cuya traza permanece en la pronuncia de una vocal indistinta semejante a la vocal shwa del hebraico y a la pronuncia de la e en el artículo determinado inglés (the).
[10] Para confirmar que se trata de un uso histórico de la lengua, es interesante consultar el tratado primero del Lazarillo y el capítulo XIII de la II parte del Don Quijote.
[11] fuente: DISC - Dizionaio Italiano Sabatino Colletti.
[12] Renato De Falco propone una improbable origen griega desde el verbo thaptos: sepultar.
[13] Marco Monnier, La camorra, Firenze, 1862
[14] Persona inquieta que no permanece mucho tiempo en un lugar o en una actividad
(abstract con testo a fronte in napoletano e spagnolo)
| Gaetano Vergara, 2001 |